VICENTE PÉREZ
El jefe de Emergencias del Cabildo grancanario, el ingeniero forestal Federico Grillo, quiso lanzar este miércoles un mensaje de esperanza a la población tinerfeña tras un incendio que ha quemado 14.700 hectáreas y con un perímetro de 90 km: «Existe una creencia muy extendido de que cuando se genera un incendio los montes quedan arrasados, y no es así, porque esta isla es muy antigua, 12 millones de años, y el ser humano acaba de llegar; durante todo ese tiempo Tenerife ha estado sola, sin presencia humana, con rayos y volcanes que causan incendios y la naturaleza se recuperará, está adaptada para eso».
De ahí que, desde su punto de vista, «no podemos quedarnos con la sensación de que hemos perdido los montes, ya que se recuperarán; hay una parte que le costará más, pero no es una pérdida total».
Grillo, natural del municipio tinerfeño de La Guancha, se despide porque la unidad de análisis de riesgo potencial que envió el Cabildo grancanario a Tenerife para este incendio ya ha cumplido su misión. «El potencial del incendio es ya prácticamente nulo», sentenció, lo que quiere decir que ya no hay apenas posibilidad de que se escape hacia el pinar de Fasnia y Arico desde la cumbre de Güímar.
Apoyándose en imágenes aéreas recientes de un vuelo a lo largo de la dorsal de Pedro Gil por el Sur desde La Esperanza al Valle de Güímar, Grillo mostró que entre un 30% y un 40% de masa forestal ha sufrido un fuego «de alta intensidad», que es donde puede haber más problemas con la erosión cuando lleguen las lluvias del otoño y el invierno.
Otras áreas de la cumbre han sufrido un fuego de intensidad intermedia, y que se aprecian con un color amarilloso, una vegetación socarrada, que no ardió de copa, lo que hará que la pinocha caiga al suelo, lo cual, apuntó, vendrá bien para atenuar la erosión.
Finalmente, hay partes que siguen verdes, y que, junto con las afectadas por intensidad intermedia, «el año que viene rebrotarán». Los pinos de las zonas de color negro, muy quemadas, tardarán más en recobrar su porte, pero en unos dos años se recuperarán también, al igual que las zonas «amarillas».
Y advierte de que hay megaincendios mucho peores, más devastadores, que arrasan todo con alta intensidad, e incidió en que no es el caso.
Además, recordó que las especies se adaptan a estas situaciones. «El pino canario tiene 30 millones de años, más antiguo que Canarias, pues estaba extendido por el Mediterráneo y quedó luego aquí como relicto, y se ha adaptado muy bien».
En su reflexión sobre el tiempo que llevan el ser humano en Canarias, lo explicó de un modo didáctico y casi poético: «Esta isla tiene 12 millones de años, no somos conscientes de lo que es ese tiempo, comparado con la duración de nuestras vidas. Si tomamos un año, la islas se crearon el 1 de enero y llegamos aquí el 31 de diciembre a las 11:59 minutos, y los servicios de incendios dos segundo antes de las campanadas de fin de año. Así que esos millones de años sin presencia humana la vida aquí está acostumbrada a las perturbaciones como rayos y erupciones volcánicas, que generan incendios».
Sobre las circunstancias que han marcado este incendio, aseveró que «los cambios de viento le confieren su propio carácter» a esta emergencia.
Y en cuanto a la forma de atacar el fuego, explicó que no se puede hacer por todos lados, porque esa táctica es «enviar a la gente a la muerte», «como si se pudiera intentar parar una avalancha poniéndose uno delante».
«La realidad es que los incendios tienen comportamientos agresivos en la zona de cabeza, y a veces va más rápido d lo que podemos actuar; de manera que si tuviésemos 20 unidades en los primeros minutos, 18 de ellas se quedan esperando para ver qué hacer, no podemos enviar todos los medios en esa primera fase».
Terminó su intervención en la rueda de prensa con una frase que es un compromiso y también la expresión de un sentimiento: «Cuando arde cualquier otra isla es como si ardiera Gran Canaria».
