VICENTE PÉREZ
Estamos en tiempos de exámanes. Los bachilleres se preparan para la EBAU, esas siglas que ha sustituido a la antigua PAU y la ya antediluviana selectividad, la prueba de acceso a la Universidad, los universitarios están también en fechas de examinarse, y a ellos se les unen los opositores, ahora que vuelve a haber oferta de empleo público. El resultado: que las salas de estudio públicas en el área metropolitana están, por así decir, con el cartel de ‘no hay billetes’ colgado.
Aunque parezca que en un día como este jueves, festividad de la Autonomía canaria, todo el mundo se dedica al ocio (la playa, el monte, actos festivos o simplemente descansa en su casa), la realidad es que son muchos los jóvenes que andan estresados porque se juegan su futuro a estas alturas del calendario. Y se nota en estos espacios públicos de estudio: están que no cabe ni un alfiler.
Y claro, no son alfileres sino personas los que necesitan este servicio. Es el caso de Raquel, una bachiller que este Día de Canarias ha buscado un lugar donde poder estudiar y ha vivido poco menos que una odisea buscando un sitio donde estudiar, y se ha quedado con las ganas. Regresa a Ítaca, derrotada.
En las salas de estudio de la Universidad de La Laguna el problema para esta estudiante de enseñanzas medias es que o están llenas o, cuando están muy concurridas, lo que suele pasar en días festivos, controla el acceso para que solo entren universitarios. Es lo que pasa en la sala de Cajacanarias, dentro del campus de Anchieta, que no es para bachilleres.
Y en la faraónica biblioteca del TEA (Tenerife Espacio de las Artes), en Santa Cruz de Tenerife, «todo es muy lujoso y grandioso, pero en realidad tiene poca capacidad para tanta demanda», explica Raquel. Los días laborables en La Laguna sirve de «desahogo» la biblioteca de la UNED, que es de acceso libre, pero cierra en festivo, con lo cual, el ahogo.
El padre de Raquel, Alberto, indignado por esta situación, lo tiene claro: «Mi planteamiento es que hay que dar prioridad a estas infraestructuras, no podemos estar todos los días reclamando carreteras, pero no servicios como este que necesita mi hija y otros muchos estudiantes, y desde luego, menos lujos en los edificios que se construyen, y más salas de estudio y también para ayudar a los vecinos que no tienen ni donde caerse muertos».
