PLANETA CANARIO
La rotura, este lunes a la altura de Hoya Fría, del acueducto que permite trasvasar el agua depurada del área metropolitana al Sur de Tenerife, estará reparada en un plazo de diez días, por lo que hasta mediados de mes estará cortado el suministro para el riego agrícola.
No obstante, los agricultores tendrán garantizado el líquido elemento gracias a un total de 264.000 metros cúbicos de agua procedentes de los embalses de El Saltadero (190.000 m3) y Valle San Lorenzo (60.000) m3, así como de la desalinizadora de Granadilla (13.000), según ha informado en nota de prensa el presidente del Cabildo, Pedro Martín.
La reparación del canal, propiedad de la empresa pública insular BALTEN, ha sido adjudicada a la empresa Ferrovial Agroman SA, que ya ha comenzado la obra, con un presupuesto de 35.000 euros más IGIC.
La rotura se produjo en la zona de los Moriscos (Hoya Fría) en Santa Cruz de Tenerife, al desplazars la viga de hormigón, de 9,5 metros de largo, que sustenta la tubería. Este hecho provocó un vertido de aproximadamente 2.000 metros cúbicos de agua regenerada, aunque no se produjeron daños personales ni materiales al margen de la estructura y la tubería.
Pedro Martín ha destacado “la rápida actuación de los técnicos de BALTEN para evitar una pérdida de agua mayor” y desde el momento del suceso dio orden de aportar la solución más rápida para evitar cualquier tipo de percance en la agricultura de la Isla».
De hecho, la rúbrica del decreto para reparar la rotura ocurrida este lunes ha tenido lugar apenas 24 horas después de detectarse esta incidencia y con objeto de “evitar el desabastecimiento de agua de riego, y por tanto, de cultivos cuya recuperación podría ser duradera”, expresó.
El decreto incluye, además, la redacción de un documento que evite situaciones “de similares características en el futuro, y en otros puntos de conducción”, adjudicado a la empresa Marave Ingeniería SL, por valor de 24.000 euros (+IGIC).
Existe un precedente en noviembre de 2015, cuando esta conducción se rompió provocando una pequeña riada, con gran susto, en Radazul (El Rosario).
El impulso a la depuración en los años 80
En los años ochenta del pasado siglo, cuando gobernaba el Cabildo de Tenerife José Segura (PSOE), se impulsó por vez primera la canalización de aguas residuales depuradas del área metropolitana hacia el sur de la Isla y la costa de La Laguna con el fin de su reutilización en el riego agrícola.
Ese objetivo se plasmó en la construcción de una serie de infraestructuras hidráulicas, como un canal paralelo a la autopista TF-1, entre la capital y Adeje, y dos balsas, una en Valle de San Lorenzo y otra en El Boquerón, en un sistema que se presupuestó en unos 3.670 millones de pesetas, unos 22 millones de euros.
Clavell, en declaraciones a la prensa, recordó que entonces fue a Madrid y expuso este proyecto y el Ejecutivo estatal lo aceptó por su trascendencia para la Isla, pese a que suponía un desembolso de “2.500 millones de pesetas”. “Fuimos pioneros en este campo, pero, lamentablemente, he visto cómo han pasado los años y no se ha hecho nada más”, sentencia este catedrático de Termodinámica ya jubilado, quien también fue alcalde de La Laguna, diputado nacional y delegado del Gobierno.
Depuración de agua en Canarias: solo se aprovecha el 20%
La realidad es que el panorama de la reutilización del agua en Canarias es desolador. En 2015, último dato publicado por el Instituto Canario de Estadística (Istac), casi el 20% de las aguas residuales que reciben algún tratamiento se reutiliza para el riego agrícola o de jardines y zonas deportivas y de ocio, mientras que la friolera del 79% se tira al mar. Eso, sin contar con las aguas negras que se arrojan al océano sin depurar, que en Tenerife suponen el 21% del total, o la que se tira al subsuelo también sin tratar a través de pozos sépticos, que alcanza el 39,5%, según datos facilitados esta misma semana por el consejero de Aguas del Cabildo, Manuel Martínez.
Una obra gigantesca, sin parangón posterior
En los ya lejanos años ochenta, el Gobierno insular presidido por Segura mejoró la calidad del agua depurada para poder reutilizarla en el riego, sobre todo de la agricultura, lo que permite aliviar la sobreexplotación de acuíferos, pero también derivar hacia el consumo humano caudales de agua potable subterráneos.
Con dirección al sur, fue preciso construir una estación de bombeo junto a la depuradora de Buenos Aires; una conducción de bombeo de 6,7 kilómetros de largo y 800 milímetros de diámetro hasta El Tablero; un acueducto de 67 kilómetros y 600 milímetros de diámetro de Santa Cruz a Adeje; un depósito de 250.000 metros cúbicos en Valle de San Lorenzo y otro de 50.000 en San Isidro. Con estas obras se reutilizarían 25.000 metros cúbicos con destino a 700 hectáreas de cultivo en Valle de San Lorenzo, la mayor parte plataneras.
Hacia Valle de Guerra y Punta del Hidalgo, donde se sembraban entonces más de 1.600 hectáreas, se empezó a llevar agua depurada de la zona alta lagunera. Hizo falta para ello un depósito de de 1.000 metros cúbicos y una balsa de 52.000 metros cúbicos en El Boquerón. El fin, reutilizar para la agricultura 5.000 metros cúbicos de agua diarios.
