VICENTE PÉREZ
Las estadísticas oficiales han dejado olvidados a los animales que fueron rescatados de la erupción volcánica en La Palma. Las asociaciones protectoras calculas que fueron miles los animales (de compañía y de granja) a los que se logró sacar de la zona de exclusión donde la lava, la ceniza y los gases se convirtió en un auténtico infierno.
Uno de los últimos que recibieron auxilio fue el gato Félix, un adorable y simpático felino al que enero pasado unos policías nacionales encontraron inconsciente y abocado a una muerte segura en un edificio de Puerto Naos, la localidad turístico residencial de Los Llanos de Aridane que continúa evacuada por el riesgo de los gases volcánicos.
El vídeo de las maniobras de reanimación, divulgado por la Plataforma animalista Leales.org, causó mucha impresión, y mostró la excelente labor que dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía realizaron para salvar la vida de este gato.
A través del oxígeno de sus mascarillas y con una técnica de reanimación por compresión toráxica, los policías reanimaron a Félix.
Tres meses después de aquel dramático hecho con final feliz, PLANETA CANARIO ha visitado al gato en el albergue provisional que la asociación protectora Benawara mantiene en un polideportivo de Los Llanos de Aridane, por donde han pasado más de mil perros y gatos desde que la tierra se abrió en Cabeza de Vaca y empezó a vomitar lava.
Félix parecía contento, totalmente recuperado, y, según nos explicó la responsable de Benawara, Esther Campos, no ha podido ser llevado de nuevo a Puerto Naos porque, al igual que para las personas, no es un lugar aún seguro porque se exponen a unas concentraciones de gases volcánicos peligrosas para la salud.
La catástrofe natural ha sido fatídica para los seres humanos, pero no menos para el resto de seres vivos, pues no había medios materiales ni humanos suficientes preparados por las Administraciones públicas para rescatarlos y atenderlos, de manera que tuvieron que ser las asociaciones animalistas las que se pusieran manos a la obra, y un grupo de veterinarios del Colegio Oficial de estos profesionales los que les procuraron los cuidados precisos en dicho albergue improvisado.
Desde el 19 de septiembre, cuando comenzó la erupción, animalistas y veterinarios voluntarios, junto al personal de seguridad y emergencias, salvaron de las garras del volcán todos los animales que pudieron.
La solidaridad de mucha gente que ha donado comida y en algún caso ayuda puntual de ayuntamientos hizo posible el objetivo de evitar que el desastre fuera mayor para la fauna que acompañada al ser humano en la zona desalojada.
Entre las protectoras es vox pópuli que hubo animales que no pudieron escapar a la lava, la ceniza y los gases y murieron. Un tupido velo oficial se ha extendido sobre todo este asunto, y para algunas voces del mundo animalista la explicación es que el rescate de los animales se hizo sin planificación y desde ese punto de vista preventivo fue tal el desastre, que ningún organismo público se atreve a sacar el tema. Eso sí, el caos fue mitigado gracias al esfuerzo improvisado de mucha gente sensible.
