PLANETA CANARIO
El cambio climático acelerado por la emisión de gases de efecto invernadero debido a actividades humanas se ha podido medir ya en el mar que rodea Canarias. La temperatura oceánica superficial al norte del Archipiélago se ha incrementado en medio grado en los últimos 25 años y en este periodo ha crecido un 1,6% la cantidad de dióxido de carbono (CO2) disuelta en las aguas superficiales, lo que a su vez está provocando un aumento del 30% en la acidez del agua, al tiempo que el poder de producción de carbonato cálcico necesario para formar los caparazones de los organismos marinos que lo necesitan se ha reducido un 10%.
Así lo exponen en un artículo los catedráticos de Química Marina y de Oceanografía Química de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Melchor González Dávila y J. Magdalena Santana Casiano, responsables de las medidas de dióxido de carbono (CO2) en la Estación Oceánica Europea (ESTOC) seleccionada para seguir la evolución de las propiedades biogeoquímicas del agua de mar a 100 kilómetros al norte de las islas, y que cumple un cuarto de siglo de registros continuados.
Estas variaciones afectan a la flora y la fauna que vive en el medio marino de Canarias, pues las condiciones químicas del océano son completamente distintas a las que existían cuando en el año 1995 se comenzaron a estudiar estos fenómenos. La acidificación oceánica, observan estos estudiosos del océano, produce en las aguas un efecto corrosivo que afecta y afectará principalmente a los organismos que utilizan carbonato cálcico para construir sus esqueletos (corales, crustáceos, microorganismos con esqueleto calcáreo, etc.), pero ningún organismo es inmune a estos efectos.
González Dávila participa además como representante español en la Conferencia de las Partes (COP25 Chile) de Naciones Unidas sobre cambio climático, que se celebra desde este lunes hasta al 13 de diciembre en Madrid. Se trata del máximo órgano de decisión en Naciones Unidas sobre cambio climático, que reúne a 196 países miembros junto a la representación de la Unión Europea.
Un aumento de temperatura marina de 0.02 grados cada año
Con ocasión de esta cumbre mundial la ULPGC ha divulgado este artículo en el que ambos científicos exponen que la temperatura oceánica al norte de Canarias, que varía entre los 18 grados a fines de invierno hasta los 23-25ºC (según los años) a finales de octubre, se ha incrementado 0.02ºC al año en los últimos 25 años, lo que supone, para un medio que necesita absorber mucho calor para aumentar su temperatura, 0.5ºC.
El contenido total de carbono inorgánico disuelto en las aguas superficiales ha incrementado a una velocidad de 1.1 unidades por año (µmol/kg de agua), lo que supone un aumento del 1.6% en los 25 años. La presión de CO2 del agua de mar ha aumentado desde un valor medio de 345 unidades (µatm) en el año 1995 hasta las 400 µatm, lo que supone aproximadamente un 20% de aumento a una velocidad anual de 2 µatm por año. Este valor es similar al incremento que se mide en la atmósfera que nos rodea en Canarias registrado diariamente en la estación de Izaña por el equipo de la Agencia Española de Meteorología (AEMET).
Ese aumento en la concentración de dióxido de carbono lleva consigo un aumento en la acidez del agua de mar, o lo que es lo mismo, una disminución en el pH, que ha pasado (para un medio que está altamente regulado para evitar que pequeñas adiciones de ácidos produzcan cambios en su pH), desde valores promedio en el año 1995 de 8.09 hasta 8.05 en 2019, disminuyendo a una velocidad de 0.02 unidades por década .
«Al ritmo actual de emisiones de CO2, muchas especies marinas no soportarán las nuevas condiciones químicas»
La estación ESTOC muestra, con datos experimentales, el cambio real que se está produciendo en los océanos como consecuencia del incremento de las emisiones de CO2.
«Si seguimos con el ritmo actual de emisiones y sin medidas que intenten no sólo reducirlas sino secuestrar el importante exceso de dióxido de carbono existente ya en nuestra atmósfera, a finales de este siglo, el pH de nuestras aguas superficiales alcanzará valores de 7.85 (casi 0.3 unidades menor que a principios de este siglo) y la capacidad de calcificación se habrá reducido en un 40%», advierten los dos autores del artículo.
Y añaden que «si a eso se le añade un océano más cálido con una temperatura que incrementará en unos 2 grados, con mayor volumen (elevación del nivel del mar) no sólo por la propia expansión térmica de un fluido sino por el deshielo terrestre y en un océano que será menos eficiente en el secuestro de dióxido de carbono, hará que muchas especies marinas no puedan soportar y adaptarse a ese estrés y a esas condiciones químicas».
Según pronostican los investigadores de la ULPG, «algunas especies desaparecerán o se desplazarán (incluidos los humanos) hacia otras zonas en las que las nuevas condiciones sean más próximas a las que ellos puedan adaptarse». Este efecto no es sólo visible en las aguas superficiales, pues los datos que manejan estos catedráticos de Química «indican que se dejarán sentir principalmente en los primeros 1.000-1.200 metros de profundidad, si bien las aguas hasta el fondo (3.600 metros) mostraran también un efecto de acidificación importante asociado a la circulación de las aguas oceánicas.» De ahí que González Dávila y Sananta Casiano consideren que «no esn pues, momento de pensar solo en pequeño sino a escala global y contribuir desde cada uno y con líderes concienciados en la sostenibilidad del Planeta».
Una estación de referencia mundial sobre el CO2 en el mar
Tras el impulso inicial del Instituto Canario de Ciencias Marinas, la Plataforma Oceánica Canaria PLOCAN mantiene vivo el espíritu de monitorización del océano ante los cambios climáticos que sufre nuestro planeta bajo la acción humana. En octubre del año 1995, invitados por el director del extinto Instituto Canario de Ciencias Marinas, el grupo de Investigación de Química Marina (QUIMA) del actual Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria consideró imprescindible el estudio en el océano del efecto del incremento de la cantidad de CO2 emitida a la atmósfera por la actividad humana. Canarias y ESTOC se unen así a las dos estaciones de referencia internacional, que se iniciaron en 1989 y que miden de manera continuada esos mismos efectos: las estaciones americanas de Bermudas (BATS), situada en la zona oeste del Atlántico Norte y la de Hawái (HOT), en la zona central del Pacífico Norte.
Las causas y mecanismos del cambio climático
Explican ambos científicos que la actividad humana, con la quema de combustibles fósiles, la producción de cemento, la deforestación y cambio en el uso de la tierra, está modificando de manera continuada el contenido de gases de efecto invernadero natural de nuestro planeta. En la última década y de acuerdo con los últimos datos del proyecto de estudio del contenido global de carbono https://www.
De ese total anual, aproximadamente un 30% es secuestrado por la vegetación terrestre, otro 25% por los océanos y el restante 45% permanece en la atmósfera y es el causante de que, en los últimos 150 años, el contenido de CO2 en la atmósfera haya crecido de forma casi exponencial de las 280 unidades de presión (µatmósferas, µatm) en el año 1880 hasta valores promedios actuales de 412 µatm. En este aumento se dan dos efectos graves, el elevado contenido y la velocidad con la que ese incremento se está produciendo, nunca registrado incluso en los últimos cientos de millones de años.
La necesidad de estudiar cómo responde el océano al aumento de C02
Los dos responsables de la ESTOC previenen de que «esto puede producir que los efectos que ese alto contenido de CO2 ejerza sobre la vida en el planeta no puedan ser asumidos de igual manera por todas las especies que lo pueblan». ·Gracias al papel jugado por los océanos como sumidero del exceso de dióxido de carbono emitido, las condiciones actuales de nuestra atmósfera no son tan graves como podrían ser. Sin embargo, ese papel de los océanos no es gratis. Cuando el CO2 se transfiere al océano y se disuelve, la acidez de nuestros mares aumenta ya que se trata de un proceso químico perfectamente conocido: si el contenido de un componente en el aire en contacto con un líquido se incrementa, la cantidad que se disuelve en el líquido también lo hará», subrayan.
Por este motivo, ambos investigadores creen necesario realizar estudios continuados de cómo responde el océano ante el continuo incremento de CO2 emitido. «Son así, las estaciones de series temporales oceánicas, como ESTOC, necesarias en un Planeta sometido a un cambio global, con un incremento continuado de la temperatura tanto en la atmósfera como en el océano, con un aumento de la acidez de los océanos y con una disminución del contenido de oxígeno oceánico que afecta al bienestar de cada uno de los organismos marinos y cada ecosistema oceánico».
