Los teóricos de la ciencia política postulan la existencia de diferentes clases de democracia, palabra de origen griego que viene a significar algo así como «poder del pueblo». Están la democracia liberal y la democracia popular; la democracia representativa y la democracia participativa; la democracia orgánica y la democracia socialista; la democracia asamblearia y la democracia parlamentaria; incluso algún pensador ha llegado a mencionar la democracia autoritaria. En fin, que en la práctica existen tantas clases de democracia como culos acuden diariamente a los excusados a cumplir su higiénica labor, es decir, muchas. Y yo propongo un nuevo modelo: la Democracia Explosiva.
Verán ustedes. A lo largo de la Historia uno de los problemas principales a los que se ha enfrentado la Humanidad es la manera más útil y correcta de controlar a los políticos que dirigen nuestros destinos. Esta nunca ha sido una labor fácil, hay que reconocerlo. De hecho, en mi opinión, jamás se ha podido controlar convenientemente a los políticos y gobernantes. Y así nos ha ido, claro. La Historia está plagada de tiranos, sátrapas, burócratas, sinvergüenzas y demás calaña que ha medrado a costa del erario público.
Algunos autores se han estrujado la sesera intentando desarrollar diversos sistemas para fiscalizar al político de turno. Así, se ha propuesto la limitación de los mandatos a un número determinado de años, la convocatoria frecuente de plebiscitos y referendos revocatorios, el establecimiento de listas abiertas, etc. Pero no me negarán que todo esto adolece de cierta timidez y de una inutilidad manifiesta. Otros sabios más audaces han elaborado sistemas más complejos, más hermosos. Ahí están la República, de Platón, la Utopía, de Tomás Moro, o incluso, La ciudad de Dios, de san Agustín. Pero ni por esas. Los ciudadanos, en su patética y pusilánime incultura filosófica, han tomado estos proyectos, literalmente, como memeces irrealizables.
Por mi parte, y sin querer compararme a los tres grandes intelectuales que acabo de citar, a quienes admiro sinceramente, me atrevo a proponer el siguiente plan de control de políticos, politiquillos y politicastros. Para ello habría que hacer uso de las nuevas tecnologías. De este modo, todo político que resultara elegido en democrática votación debería ser intervenido quirúrgicamente para alojarle un potente dispositivo explosivo de goma dos, titadine o algo similar, en el interior de su ano. Este explosivo estaría conectado a Internet y todos los ciudadanos que se sintieran molestos, estafados o sinceramente disgustados con un concreto político podrían introducir una clave y apretar una tecla de sus ordenadores. Cuando cierto número significativo de ciudadanos hubieran hecho uso de la tecla (digamos un 30 %, por ejemplo), el explosivo estallaría y adiós político corrupto, negligente o inútil. De ahí lo de Democracia Explosiva.
Con sinceridad, creo que sería una buena solución para controlar eficazmente la acción institucional de nuestros cargos públicos, que ya se asegurarían de hacer las cosas bien, por la cuenta que les traería, y además limitaríamos el crecimiento desmesurado y perjudicial de esa peligrosa fauna política que cada vez se extiende más, sin que los sistemas tradicionales logren contenerlos convenientemente.
No me digan que esta idea no es la bomba…
PASTOR DÍAZ,
abogado
