VICENTE PÉREZ
Los efectos de la crisis del Covid en el sector de la restauración (bares, cafeterías, terrazas y restaurantes) están siendo devastadores para algunas empresas. Desde el confinamiento en marzo a la actualidad el sector ha tenido que soportar periodos de cierre y restricciones de aforo.
En Tenerife, debido a que lleva meses con medidas extraordinarias más duras que en otras islas, algunos establecimientos ya están al límite, tras la prohibición de atender clientes en el interior y solo poder hacerlo, con aforo en terrazas.
Es el caso de Daniel Brito Quintero, un empresario tinerfeño de 49 años propietario de tres locales de La Cueva de Casiano (ubicados en Tacoronte, Santa Cruz y La Laguna), que tiene 40 empleados a su cargo, de los que una parte se encuentran en expediente de regulación de empleo (ERTEs).
Su principal queja en este momento es que el Ayuntamiento de La Laguna no permite instalar carpas en la calle, al punto de que el pasado domingo le obligó a quitar una que había instalado porque era la única forma de hacer uso en días de lluvia del espacio de la vía pública que le ha concedido el consistorio. Y entonces estaba la borrasca Filomena en pleno auge.
Este emprendedor, con un local en la lagunera calle de Heráclio Sánchez, admite que no pidió autorización para la carpa, porque había visto que otros empresarios la tenían y la suya estaba abierta por los laterales, por lo que su única finalidad era impedir que la lluvia mojara a los clientes.
Invirtió 450 euros en alquilarla a una empresa,pero el sábado la Policía Local se la mandó a quitar, sin posibilidad de mantenerla mientras hacía la solicitud a la Gerencia de Urbanismo (por entonces no sabía que no era posible obtener permiso, así que el lunes pasado presentó la petición por internet).
Aunque es posible que esta semana el Gobierno canario relaje algunas medidas decretadas para la hostelería, Daniel cree que en las zonas donde la lluvia y el frío hace acto de presencia de forma más habitual, como es el caso del casco urbano de La Laguna, debería permitirse la instalación de carpas provisionales, exclusivamente hasta que acaben del todo las restricciones por la pandemia.
“Tuve que recurrir a una carpa, incluso ocupando menos suelo del que me autorizaron, si no quería cerrar durante el paso de la borrasca Filomena, porque en la calle con las sombrillas tradicionales, si llueve, no podemos trabajar”, se lamenta Daniel, quien asegura que algunos días solo ha podido facturar 100 euros en este local lagunero, en el que ahora están trabajando 4 empleados, él y su mujer, mientras otros 6 se encuentran en ERTE.
Insiste en que vio que en otros puntos del municipio se ponían carpas, algunas mucho más voluminosas y cerradas, por lo que pensó que como solución provisional se permitían, e incluso la empresa que se la alquiló pensaba lo mismo, siempre que no tuviera laterales.
«No permitir carpas provisionales en sitios lluviosos es un error que perjudica a la economía»
“Necesitamos facturar, entendemos que todos debemos arrimar el hombro contra la pandemia, pero no se nos pueden cerrar todas las vías de poder trabajar, con las medidas higiénicas y el distanciamiento necesarios; ahora nos vienen los impuestos, el pago de alquileres, y así no podremos seguir”, confiesa este empresario tinerfeño.
Desde su punto de vista, se está poniendo el foco en la hostelería como si dura la única responsable de los contagios, cuando la realidad es que nunca como ahora este sector había tenido tantas medidas higiénico sanitarias.
“Nosotros cumplimos la normativa anti pandemia a rajatabla: dos metros entre mesas, hemos incluso ampliado el seguro del bar para que cubra la terraza…, y realmente no hemos recibido aún ayudas del Gobierno estatal y del canario como empresarios, y aunque los ERTEs son una buena medida, la viabilidad de las empresas si no podemos tener clientes es imposible”, añade Daniel.
Aunque asegura que ha tenido la impresión de que con el asunto de las carpas el Ayuntamiento no ha sido igual de riguroso con todos los locales, considera que si realmente no están permitidas, es un error que perjudica bastante a la hostelería.
“En La Laguna de todos es conocido cómo es el clima en algunas épocas, si no se puede usar del todo o en parte el interior de un local, aunque podamos utilizar la vía pública, sin carpas algunos días eso no es posible, debido al mal tiempo”, reitera el propietario de La Cueva de Casiano.
«Doble vara de medir entre los grandes centros comerciales y las pequeñas empresas»
Otra reflexión que hace tiene que ver con los aforos en los grandes centros comerciales en comparación con las pequeñas empresas: “Ahí a todos nos ha parecido que ha habido una injusticia, porque un 30% de aforo en un centro comercial pueden ser miles de personas, y además se han formado aglomeraciones, mientras que las pequeñas empresas han tenido que cumplir todo a rajatabla y se les ha permitido muy pocos clientes”.
En su caso, el local de La Laguna tiene capacidad parea 85 personas, pero con la pandemia se ha limitado a 20 y en exterior, contando empleados.
Dicho esto, Daniel no tiene reparos en reconocer que La Laguna fue de los primeros municipios en tomar medidas para facilitar la actividad de la hostelería ante las restricciones por la pandemia. Y también opina que hay algunas medidas de higiene que incluso estaría bien que se mantuvieran después de la pandemia, “pues la desinfección es positiva, y ahora los bares están más limpios que nunca, y así debieran de estar siempre”.
PLANETA CANARIO ha consultado al Ayuntamiento de La Laguna si se pueden instalar carpas en la calle, y la respuesta es que el bando publicado al respecto solo autoriza el uso de sillas, mesas y parasoles. Por tanto, todas las carpas que estén instaladas carecen de autorización y lo están » bajo responsabilidad del responsable del local».
