Canarias estudia la opción de las naves de vuelo rasante para unir las islas

Se trata de una tecnología de transporte marítimo de pasajeros que duplica la velocidad del conocido 'Jetfoil', y su puesta en funcionamiento en las islas abriría la puerta en el Archipiélago a la conectividad marítima de alta velocidad

RUBÉN EXPÓSITO

Pablo Rodríguez, vicepresidente y consejero de Obras Públicas y Transportes del Gobierno de Canarias, ha comunicado este miércoles que el Ejecutivo estatal autorizará las Naves de Vuelo Rasante (NVR) para la ruta Tenerife-Gran Canaria, la cual se realizaría en 30 minutos.

En el comunicado del Gobierno regional se explica que se trata de una tecnología de transporte marítimo de pasajeros que duplica la velocidad del conocido ‘Jetfoil’, y añade que con su puesta en funcionamiento en estas islas se abriría la puerta a la conectividad marítima de pasajeros entre el resto del Archipiélago.

El pasado febrero se aprobó la propuesta definitiva de normativa y, una vez se apruebe su funcionamiento en un marco legal, será posible abrir rutas entre islas con esta ingeniosa y rápida tecnología de transporte marítimo de pasajeros.

El vicepresidente se reunió con el director general de la Marina Mercante, en un encuentro al que asistieron representantes de la compañía Ciwing, principal operadora de este tipo de naves.

El citado grupo de trabajo aprobó el pasado 6 de febrero una propuesta definitiva de normativa para Naves de Vuelo Rasante (NVR), que ahora debe iniciar su tramitación para ser aprobada y poseer un marco legal propio.

Las naves de vuelo rasante fueron reguladas para uso civil por la Organización Marítima Internacional en 2002, y navegan sobre el agua sobre un colchón de aire sin contacto.

Sus características de diseño y materiales empleados se asemejan más a las de una aeronave que a las de las embarcaciones tradicionales (en realidad es un híbrido entre ambas ideas), pero legalmente son barcos y su regulación depende de la autoridad marítima.

Sin embargo, dada sus peculiaridades, necesitan de un desarrollo normativo muy específico y depende del país y de la zona donde vayan a operar.

Sepamos un poco más sobre estos aparatos

Las naves de vuelos rasantes deben su nombre a su concepción técnica, basada en el área fronteriza entre embarcaciones y aeronaves, ya que estas utilizan el elemento agua como plataforma de despegue, es decir, como pista de despegue y aterrizaje. El efecto aerodinámico que se produce en las alas sobre el agua hace que puedan despegar.

Los ingenieros han desarrollado exponencialmente en la últimas dos décadas los llamados “vehículos de efecto suelo”, los cuales pueden navegar a velocidades vertiginosas, de 100 nudos y más, sin que él casco toque el agua, volando centímetros por encima del agua y solo sosteniéndose por las alas.

Esta tecnología hace uso de una peculiaridad física que todo piloto conoce y que reza sobre la fase de aterrizaje, el llamado efecto suelo, en inglés conocido como “Wing-in-ground” (WIG).  Cuando un ala de un avión se desliza rápida y firmemente sobre la superficie del suelo o del agua, se forma un colchón de aire estancado entre ellos.

Esto lleva a una reducción de la resistencia del aire de alrededor del 50 por ciento. Por lo tanto, el motor tiene  que usar menos fuerza para que entre al vuelo y sostenerse. No obstante, tiene un problema al despegar del agua, debido a que los vehículos de efecto suelo tienen que superar una resistencia más alta que un avión convencional en la pista, necesitan motores de alta potencia para el despegue aunque después apenas son necesarios, pues trabajan con poca potencia cuando alcanzan velocidad de crucero.

El hecho de que no se trate de un vuelo real trae consigo la gran ventaja de ser regulado según los estatutos de la Organización Marítima Internacional, debido a que estos vehículos a todos los efectos no se consideran aviones y no están sujetos por lo tanto a las estrictas normas de aviación civil, lo que facilita mucho la construcción y la operatividad.

 

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