Así están los montes de Arico, siete meses después del mayor incendio de 2021 en España

El catedrático de Ecología Ramón Arévalo asegura que pese a la aparatosidad del fuego (abarcó más de 3.000 hectáreas), el impacto del fuego en la zona afectada fue "leve" desde el punto de vista ecológico y se podrá recuperar. El fotógrafo Moisés Pérez, de la Agencia Noticia, ha recorrido la cumbre donde en mayo del pasado año tuvo lugar este incendio y ha plasmado en imágenes la situación del pinar

Vista de una zona afectada por el incendio de Arico. / MOISÉS PÉREZ

VICENTE PÉREZ

REPORTAJE FOTOGRÁFICO: MOISÉS PÉREZ (AGENCIA NOTICIA)

El incendio forestal de Arico fue el mayor de los ocurridos en 2021 en España. Afectó a 3.029 hectáreas, la mayor parte en el espacio natural protegido de la Corona Forestal de Tenerife y 3,7 hectáreas del Parque Nacional del Teide.

El fuego comenzó el 2′ de mayo, fue controlado el día 24 y el Gobierno de Canarias no lo declaró oficialmente extinguido hasta cinco meses después, el 27 de octubre.

El fotógrafo de la agencia Noticia Moisés Pérez ha recorrido la zona afectada para mostrar en imágenes la situación de la zona afectada, donde se aprecia la huella del incendio en el pinar canario, que es célebre por su resistencia a los incendios.

PLANETA CANARIO ha preguntado al catedrático de Ecología de la Universidad de La Laguna (ULL) Ramón Arévalo su diagnóstico sobre el estado de los ecosistemas afectados, y no son malas noticias: «La zona ha tenido una afección leve, los fenómenos erosivos solo estarán presentes allá donde actividades humanas hayan dado lugar a taludes o intensos cortes en el suelo, y la eliminación del grosor de la pinocha y reducción de la cobertura de la bóveda por socarramiento parcial aumentará de forma significativa la diversidad vegetal (y añadido a ello, la de fauna)».

Hay que tener en cuenta, según este experto, que el incendio de Arico «ocurrió en un periodo del año que no es habitual para grandes incendios, ya que en esa época los días aún no han alcanzado su máximo punto y todavía se puede mantener algo de humedad del periodo primaveral en el suelo».

Aun así, expone el biólogo, «los incendios no son procesos caprichosos, y como elementos intrínsecos de la dinámica del ecosistema, siempre que se den las condiciones será posible que estos alcancen una alta dimensión».

Por otro lado, añade Arévalo, «el buen nivel de conservación de las zonas afectadas, con unas densidades no muy altas de pinar, favorecieron un comportamiento de incendio de superficie en la mayor parte del perímetro acotado, incluso en algunas partes de este perímetro, el fuego ni siquiera afectó a la superficie», mientras que en zonas de lomas, debido al fuerte viento y la renovación del oxígeno que se podía consumir en el propio incendio, estos pudieron alcanzar copa, pero no fue generalizado».

Además, este especialista en ecología destaca que la zona llevaba al menos dos o tres décadas sin ser afectada por incendios, dando lugar a una acumulación alta de biomasa (otro de los elementos favorecedores del incendio), «y el detonante que explica mejor este incendio es el fuerte viento de aquellos días».

Subraya que debe entenderse que en el pinar canario, «un ecosistema con una alta adaptación a incendios (incluso de alta intensidad), la gestión de los incendios es fundamental, porque es evidente que estos siempre van a estar presentes».

«Desde el punto de vista de la ecología», enfatiza, «un incendio no es más que un proceso natural que ha sido alterado por el hombre (aumentando la tasa de incendios o reduciéndola)».

Juan Ramón Arévalo / INSTITUO JUAN DE MARIANA

Arévalo aclara que hace estos comentarios desde la óptica de un ecólogo, «y  que la principal función de las administraciones en un incendio es proteger las vidas humanas y las propiedades e infraestructuras… y también recordar la obligación de tener las propiedades perfectamente protegidas en caso de estos eventos naturales».

«Es un proceso natural muy interesante de estudio y que permite la evaluación de teorías ecológicas de colonización, invasiones biológicas, recuperación de nutrientes, etc., y, como hicieron nuestros abuelos, un fenómeno al que no se le debe dar la espalda», apostilla el catedrático.

Por último, el ecólogo deja patente que no comparte la teoría de que incendios forestales como este tienen relación con el cambio climático, vinculación que tacha de «absurda», pese a lo cual, se queja, «se recoge sobremanera así en medios de comunicación, sin que haya ningún dato que lo indique».

Arévalo se licenció Biología por la Universidad de Málaga y se doctoró por la Universidad de La Laguna, e imparte clases de posgrado también en la Universidad de Exteter (Inglaterra), en la de Ciencias Aplicadas de Magdeburgo (Alemania) y en la Agraria Antonio Narro (México). En su hatillo profesional también figura la docencia en la Universidad Estatal de Oklahoma y la de California.

FOTO: GOBIERNO DE CANARIAS

En este incendio participó un amplio operativo de extinción que estuvo compuesto por 300 personas y 9 aeronaves, incluyendo tres hidroaviones del Ejército del Aire.

En la lucha contra el fuego, intervinieron las EIRIF del Gobierno de Canarias con base en La Gomera, La Palma y Tenerife; Brigadas forestales del Cabildo de Tenerife (Agentes PREVEX y personal técnico, EQUIPOS BRIVAM, equipo ROMEO; Consorcio de Bomberos de Tenerife; EPRIF con base en Punta Gorda de la Administración General del Estado; Unidad de Tierra del GES; Equipos PRESA y BRAVO del Cabildo de Gran Canaria; UME; Personal del Parque Nacional del Teide; Guardas Rurales; Unidad de Medio Natural de Santa Cruz de Tenerife; GESPLAN y TRAGSA.

 

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