Lo mejor del MWC no son las novedades, son los móviles exóticos ahí presentes

El Mobile World Congress (MWC) es conocido por ser el escenario donde las marcas compiten con tecnologías revolucionarias, pantallas plegables o procesadores cada vez más potentes.

Sin embargo, entre tanta modernidad y minimalismo, surgen modelos que rompen con la norma habitual del mercado. Cuando ahora todos apuestan por delgadez o ligereza, algunas marcas optan por lo contrario: durabilidad, resistencia y una autonomía gigantesca.

La extravagancia como motor de la innovación

Cuando la mayoría de fabricantes tratan de hacer teléfonos cada vez más delgados, más ligeros, con líneas más pulidas y procesadores sobradísimos para mover juegos como la ruleta casino, otras deciden cambiar radicalmente de parecer.

Lejos de ser un capricho, estos dispositivos gigantescos ofrecen baterías enormes, carcasas ultrarresistentes y funcionalidades pensadas para usuarios que necesitan un terminal de batalla en circunstancias críticas.

Un ejemplo destacado es el Oukitel WP19, un modelo que ha dado que hablar por integrar una batería de 21.000 mAh. Este terminal presume de aguantar varios días sin necesitar un enchufe. Su diseño robusto y su evidente grosor están más que justificados si consideramos su autonomía y resistencia.

Por otra parte, tenemos el Ulefone Power Armor 13 que, como su nombre indica, también está hecho para una durabilidad muy superior a la media. Sus 13.200 mAh también fueron muy comentados durante el MWC.

Tampoco faltan ejemplos de Doogee, una marca de modelos rugerizados muy conocida en el mundillo. El S86 y el S98 se han hecho un hueco en este segmento gracias a la combinación de varios elementos: durabilidad, baterías de larga duración, cámaras térmicas, certificaciones de resistencia al agua y al polvo… no son teléfonos para jugar a las slots, es un terminal para labores profesionales en un entorno hostil o para viajeros que no quieren quedarse sin batería en plena aventura.

Aunque a primera vista parezcan dispositivos destinados a un único nicho, la realidad es que son relevantes también por otros motivos.

Sus características sirven como laboratorio de pruebas donde se ensayan soluciones de autonomía que pueden extenderse al mercado general. Además, demuestran que la evolución también puede estar en ofrecer algo muy distinto a lo que tienen el resto de fabricantes.

Teléfonos gigantes contra la tendencia de lo fino

En el MWC, las marcas tradicionales tratan de brillar con sus buques insignia, más delgados y ligeros en cada edición. Sin embargo muchos asistentes terminan fijándose en estos “ladrillos”. Son pesados, son voluminosos, pero ofrecen una alternativa real a la eterna queja de la escasa autonomía y fragilidad.

El interés que generan se debe por su enfoque práctico. Son terminales que pueden aguantar sin recargar durante días, lo que supone un soplo de aire fresco en un mundo en el que el cargador suele ser la primera preocupación al salir de casa.

Además, su construcción resistente tranquiliza al usuario, que sabe que ante una caída accidental no arruinará el terminal. Muchos usuarios han podido ver cómo estos teléfonos sobreviven a pruebas de resistencia extremas, por lo que son unos teléfonos ideales para situaciones laborales extremas.

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