Un año desde la pesadilla del fuego en Gran Canaria: el 25% aún sin reverdecer

El Cabildo destaca que el 75% de las hectáreas afectadas por los cuatro incendios del verano pasado ya están recuperadas, pero que la herida sigue abierta en el tercio restante, parte del cual retoñará, aunque serán necesarias repoblaciones intensivas

PLANETA CANARIO

El 75% de las 10.000 hectáreas afectadas por los cuatro incendios forestales del verano pasado en Gran Canaria están recuperadas, según la evaluación realizada por el Cabildo al cumplirse el primer aniversario del primero de los grandes incendios que azotó en la canícula a esta isla, y que obligaron a luchar contra las llamas durante 40 días. El resto de la vegetación necesitar´más tiempo y también reforestaciones.

Estos días se ha conocido además que la Fiscalía Provincial de Las Palmas ha presentado una querella en el Juzgado de Instrucción de Arucas contra la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, por indicios indicios de haber sido la responsable del incendio que se originó en  el barranco de Crespo (Valsendero) y calcinó 8.637 hectáreas de terreno a partir del 17 de agosto.

Según el Ministerio Fiscal, esta heredad incumplió la normativa vigente en líneas eléctricas aéreas de alta tensión en área forestal:  la distancia mínima de seguridad entre los conductores desnudos del tendido eléctrico en el citado barranco y las copas de los árboles (que no debe ser inferior a dos metros), según ha informado Canarias 7.

El fuego afectó a los espacios protegidos de Montañón Negro, Las Cumbres, el ParqueNatural de Tamadaba y Parque Rural de Doramas y El Nublo.

El incendio que comenzó el 17 de agosto de 2019.

Un año después, el Cabildo grancanario lanzó este lunes «un rotundo mensaje de precaución» a la sociedad de Gran Canaria», ya que, pese a la recuperación de la vegetación, advierte de que «este drama ambiental y social puede repetirse en cualquier momento porque el peligro es cada vez mayor dada la sequía y la acumulación de combustible vegetal».

Un problema del primer mundo por el abandono de la vida rural, y a ello se suma que en Gran Canaria el patrón de incendios apunta a la imprudencia para la mayoría de los casos, de hecho el cien por cien es por causa humana, alertó la consejera de Medio Ambiente de la Institución insular, Inés Jiménez.

El Cabildo sigue aumentando los medios de prevención, vigilancia y de extinción y diseña un plan para multiplicar el número de zonas de cortafuegos, sistema que ha demostrado su eficacia y que ya ocupa 1.000 hectáreas, además de renovar la red de cámaras de vigilancia con 18 unidades, anunció el jefe de Emergencias de la Institución insular, Federico Grillo, que matizó que en el mundo “no hay territorio prevenido al cien por cien”.

Federico Grillo, con la consejera insular de Medio Ambiente, en la zona afectada por los incendios del año pasado.

El aliento del fuego está muy presente y este año ya se han tenido que extinguir 18 conatos que pudieron ser controlados a tiempo dada la rápida intervención de los equipos de extinción, explicó el ingeniero forestal Javier Pardo, miembro de la Brigada Helitransportada, pero no siempre depende de la contundencia de la actuación.

De hecho, en los incendios de Artenara y Tejeda  había una gran cantidad de combustible vegetal y se dieron unas condiciones meteorológicas que hicieron inútil el primer ataque.

La herida que cicatriza y la herida que sigue abierta

Tres cuartas partes de la superficie por la que se extendieron los incendios corresponden a pastizales que se recuperaron en meses o a zonas de matorrales que en un año o dos han mostrado una gran mejoría, según el diagnóstico del Cabildo, algo que se aprecia incluso en el pinar de Tamadaba, donde una gigantesca columna de humo quedó en la retina como uno de los peores siniestros de este tipo en la historia de Canarias.

No obstante, una cuarta parte del territorio insular abrasado por las llamas sufrió “una primera carrera muy fuerte” de fuego en copa», precisó Grillo, por lo que señaló que se trata de «una herida abierta que tardará más tiempo en curarse y lo hará en gran parte por sí misma y en este caso también con la ayuda de distintas acciones del Cabildo que incluirán reforestaciones intensas».

Pinar de Tamadaba.

Además, 50 operarios del Cabildo distribuidos en cinco cuadrillas intervienen desde junio en Montaña El Capitán, Cortijo El Montañón, la zona de Crespo y Almaderos dentro del plan de restauración medioambiental y de lucha contra la erosión en las zonas afectadas por los grandes incendios.

Y este mes comenzarán en el corazón de Tamadaba los trabajos para proteger e incentivar el crecimiento y la expansión de especies botánicas endémicas amenazadas como la cresta de gallo, la marzaga plateada y el tomillo de Tamadaba, símbolos además de un territorio que florece pero que sigue amenazado por el fuego y que tiene que aferrarse a la máxima de que el único fuego bueno es el que jamás tiene lugar.

Por su parte, Francisco Ascanio, agente de Medio Ambiente del Cabildo y jefe de sector que lideró la intervención de primera línea en varios frentes en agosto de 2019, señaló que las imprudencias que originan los incendios forestales ponen en riesgo la vida de los vecinos y también de profesionales sometidos a “un gran esfuerzo físico y psicológico” y que en estas situaciones atraviesan momentos de “euforia, ira, tristeza y miedo”.

La irrupción de los fuegos forestales, sobre todo de los grandes incendios, desata todo tipo de consecuencias negativas que incluyen el desastre natural, el peligro para los bienes y personas y supuso que el Cabildo tuviera que gastar 2 millones de euros de dinero público en tareas de extinción, otros 8 para el arreglo de los daños en infraestructuras públicas más otros 5 para resarcir a los propietarios de las viviendas e inmuebles afectados.

Los grandes incendios de agosto de 2019 en la Isla también forzaron la evacuación de casi 10.000 personas y Grillo aseveró que «cuando un fuego forestal se desboca y cabalga sin control siempre se corre el riesgo de que puedan darse episodios especialmente duros de pérdidas de vidas humanas como los que se han vivido en Grecia o Portugal».

 

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