Alcides, vecino de Las Manchas: «La recuperación va muy lenta, es un desastre; pero yo pienso luchar y de aquí no me voy»

Su casa se salvó por poco de la última colada de lava que destruyó parte del cementerio municipal de este barrio de Los Llanos de Aridane. Tres meses después de acabada la erupción, relata a PLANETA CANARIO cómo es la vida al pie del nuevo volcán: sin agua corriente, con ceniza por todos lados -que el viento vuelve a traer una y otra vez- , sin comunicaciones con el norte del valle de Aridane, con las fincas agrarias destruidas y el trauma del volcán metido en el cuerpo. "Hay que dar gracias porque salvamos la vida, pues el volcán pudo reventar debajo de nuestras casas; si no pasó una desgracia y murió gente es porque Dios es grande", confiesa

Alcídes, durante la entrevista con PLANETA CANARIO; y, en la foto de la izrda., un coche sepultado por la ceniza volcánica.

VICENTE PÉREZ

Alcides Manuel González Pérez todavía está asimilando que un volcán surgiera junto al barrio donde vive, Las Manchas. Salvó la casa -quedó, eso sí, semicubierta por la ceniza- pero durante mucho tiempo temió que la lava la engullera. Ahora es uno de los más bien escasos vecinos que se ha decidido a regresar de forma permanente a esta zona perteneciente a Los Llanos de Aridane.

«Cuando reventó el volcán», rememora, «yo estaba sentado detrás de mi casa y sentí esa explosión, como un soplete gigante; así que empecé a recoger las cosas y me temblaba todo el cuerpo; y eso que yo soy tranquilo pero los nervios no me dejaban ni cerrar la puerta de la casa; no me lo terminaba de creer que eso estuviera pasando, y no me lo esperaba en frente de mi casa; si no no pasó una desgracia, si no murió gente, fue porque Dios es grande».

PLANETA CANARIO visitó este lugar al cumplirse tres meses del fin de la erupción volcánica, que los científicos y las autoridades dieron por concluida el 13 de diciembre pasado. Para llegar a esta zona desde la capital insular hay que dar ir por el sur de la isla, a través de la carretera LP-2 que tiene tramos en complejas obras desde hace años para su ampliación, lo que retrasa el viaje mucho tiempo, ya que a través del valle de El Paso y Los Llanos no es posible ya llegar a Las Manchas debido a que las coladas de lava interrumpieron todas las vías con el norte del valle de Aridane.

«Decir que Las Manchas está recuperando la normalidad es falso, esto no se recupera tan fácil , yo creo que ni en años, esto es un desastre; además, aún no está restablecido todo el servicio de agua y tenemos el problema de la ceniza», afirma  Alcides Manuel, a quien encontramos trabajando en la fachada de un bar junto a la carretera general para su próxima apertura.

«Hay mucha gente que está traumatizada y no sabe qué hacer con su vida, pero yo pienso luchar y seguir para delante todo lo que pueda;  si tengo que quitar arena la quito, si tengo que volver a sembrar siembre, pero hay gente que ya no va a volver aunque tenga su casa, que no quiere saber nada de esto, porque lo que pasaron fue muy fuerte y entonces ya no pueden venir, están nerviosos, se sienten incómodos»,  comenta, subido en una escalera.

Desciende los escalones y baja a ras de la carretera. Explica que «hay  muchas casas que están con grietas, el algunas puedes meter una mano dentro de ellas, sobre todo las que están más cerca del volcán; con pisos levantados, el encalado caído; para en esas viviendas se tardará t tiempo».  Él en el fondo sabe que no es de los peor parados: «Yo tuve suerte en la casa mía;  al lado del cementerio, allí la lava se llevó prácticamente todas las casas y la mía se quedó a unos 100 metros de la colada; tiene grietas, se levantó el piso, unas puertas que no cierran y lo vamos a arreglar poco a poco, esperando a que llegue el perito para que nos la evalúen y a ver si nos pueden dar algo por todo lo que hemos hecho y lo que tenemos que hacer».

No tener agua es un problema, aunque cuenta que gracias a los bomberos y al personal de Medio Ambiente tiene este líquido elemento, pues llevan agua a quien se la pide. «Llevan días diciendo que ya tenemos agua pero no es verdad;  no está repuesto en todos lados», precisa.

También expone la dificultad añadida de no tener médico en el barrio, ni una ambulancia, y el centro de salud más próximo está ahora en Fuencaliente, en el extremo sur de la Isla, cuando antes tenían uno en el casco urbano de Los Llanos de Aridane. Los colegios están todos cerrados, los niños están en otras partes de la isla.

Las carreteras principales ya están limpias de ceniza, aunque en las secundarias aún se ven montones de este material volcánico en los márgenes. Pero ese no es ya el problema, sino las comunicaciones del barrio con el resto del valle de Aridane. «Antes tardábamos 10 minutos en ir a Los Llanos por Tajuya, y ahora dos horas, por una carretera en obras donde siempre te están parando, cuando no es un semáforo son camiones; y la nueva carretera que van a hacer por la costa, aún tardará, porque hay tubos volcánicos y quieren salvarlos», señala este palmero a quien se ve con voluntad de superar este trance que le ha puesto la naturaleza. La alternativa que se comenta entre los vecinos es habilitar una pista que hay por el refugio de El Pilar, para conectar por la zona alta ambas partes del valle, lo que permitiría acortar a 45 minutos menos el trayecto.

Alcides, durante la entrevista con PLANETA CANARIO.

A pesar de que se limpien las casas de arena volcánica, cada vez que hace viento fuerte vuelve a arrastrarla hacia las casas, porque todo el paisaje está lleno de este material piroclástico. «Con el viento se mete por todos lados, y venga y venga una vez tras otra a limpiar;  la gente se aburre y no creo que haya solución para eso, si no llueve y se va asentando la zona; y luego está el problema de que el agua de la lluvia, cuando llueva fuerte, tiene que buscar caminos nuevos y lo mismo te puede llegar por el centro de tu casa, no sabes por dónde va a venir» el torrente.

En el barrio se nota un constante tránsito de camiones cargados de arena y personal del Plan de Empleo con chalecos antirreflectantes limpiando las vías. Pero en el momento de la visita de PLANETA CANARIO no había ningún comercio ni establecimiento de restauración abierto junto a la carretera general.  «Aquí antes de la erupción había 30 bares y todo sigue cerrado, porque lo que no se llevó el volcán no han podido abrir, solo hay una tienda aquí en Jedey cerca, que es Víveres Lala, que tiene unas cositas y vamos escapando, porque si no tenemos que ir a Fuencaliente a comprar, a media hora de camino en coche».

El nuevo volcán de Cumbre Vieja, desde Las Manchas.

Agricultura también queda poco aprovechable: «Las fincas agrícolas están todas secas: las papas, la viña…; la que yo tenía me la enterró el volcán y tendré que plantarla otra vez».

Todavía tiene el susto en el cuerpo y Alcides relata así el momento de la erupción, aquel inolvidable 19 de septiembre a las 15:10 horas: «Nos reunieron a los vecinos el día antes, pero allí se decía que se esperaba que reventara por Jedey pero que estuviésemos preparados para evacuar, que cogiésemos los papeles de la casa;  ese domingo los terremotos  eran tan grandes que salimos para afuera por miedo a que se nos cayera la casa arriba, pero fue todo tan rápido… y cuando aquello explotó pasó en un momento de ser un hilito a que la lava corriera hacia abajo, y allí quedó todo, en la casa; cuando llegó la Guardia Civil a desalojar, nosotros ya estábamos saliendo».

Se fue con lo puesto. Estuvo dos semanas sólo con unas chanclas, un pantalón corto y una camisa como único patrimonio, aunque le regalaron ropa unos amigos en Los Llanos de Aridane, y luego recibió ayuda oficial. Se alojó en casa de un hermano, y durante los más de tres meses en que salieron los ríos de roca fundida se queja de que no tenían información oficial ni en los medios de comunicación de qué pasaba con sus propiedades: «Nosotros nos buscábamos la vida con los drones porque si era por los políticos no nos enterábamos de nada; eso era una agonía sufrir día tras día y mes tras mes porque no sabíamos qué pasaba; para los gobiernos y los periodistas solo existía el lado norte y sin embargo el lado sur fue el que mas sufrió, ya ve usted como está y nadie venía por aquí a informar, y eso me dio mucha rabia; los vecinos necesitábamos saber qué estaba pasando con nuestras casas, no sabíamos por dónde iba la lava».

Suscribió una póliza de seguros de su casa ya en plena erupción, aunque lo importante es que se salvó de la lava, que se quedó a unos 100 metros.

Alcides, durante la entrevista con PLANETA CANARIO.

Cuenta que ahora mismo tiene mucho trabajo en este lugar, pues es un manitas y hace de todo un poco. «Hay que pintar y arreglar casas; siempre me he dedicado a esto y tengo trabajo para un par de años en la reconstrucción, porque no hay vivienda que no haya que reparar, pues, aunque las vea con tejado, todas tienen alguna grieta, la pintura de las azoteas está levantada por el calor del volcán, y por muchas parece que le pasaron un soplete».

Sobre los gases volcánicos, comenta que «es raro el día que te levantas por la mañana y no te da olor a azufre, después el aire va corriendo y se quita; pero si empiezas a bajar hacia la costa se nota mucho más». De hecho, continúan evacuados los núcleos de La Bombilla y Puerto Naos, principal  zona turístico residencial del oeste de la Isla.

Cree que no todo el mundo querrá volver, pero Alcides lo tiene claro: «Yo de aquí no me voy, estamos acostumbrados a vivir entre volcanes» pues evoca que, desde chico, caminaba sobre la lava del volcán de San Juan, que erupcionó en 1949. Su memoria se va por un momento hacia la erupción del Teneguía: «Fui con mis padres a verlo, recuerdo ver a la Guardia Civil con tricornio todavía; yo tenía 5 años y nunca se me ha olvidado».

A su juicio, la reconstrucción va a llevar mucho tiempo: «Además, las ayudas van muy lentas y como hay quien ha engañado para conseguirlas pues pagan los realmente necesitados».

Alcides, reparando el techo de un bar, donde lo encontró PLANETA CANARIO.

A él no le molestan los turistas: «Me parece bien que vengan, ya están viniendo muchos y es normal que quieran ver el volcán y dan negocio a la isla, porque vivimos de ellos y la agricultura, porque si no vienen ¿entonces qué hacemos? Ellos vienen a hacerse la foto, a mirar la montaña que ha quedado, que es impresionante. Vienen igual que vinieron a ver el Teneguía, y eso es bueno. Un volcán es duro pero es algo que tenemos que aprovechar, que venga el turismo».

Lo que le molesta  de verdad a Alcides es que «la recuperación va muy lenta y el problema está tardando mucho en resolverse y al final serán los mismos vecinos quien poco a poco irá resolviendo todo; hay que limpiar las casas, pintar, arreglar los estanques, después si les pides a Medio Ambiente agua ellos te llevan una cuba, pero no tienes agua potable, no ha llegado a las casas, el agua llegó a los estanques pero no está repartida».

La lava penetró en el cementerio de Las Manchas.

Llegados a este punto, Alcídes demuestra ser consciente de que «vivir aquí, en estas islas volcánicas es un riesgo; no tiene sentido que nos digan que por qué nos hicimos la casa en un sitio así; pues ¿cómo vamos a saber por dónde puede reventar un volcán si la isla entera es un volcán?».

Con la perspectiva que da el paso del tiempo, ha llegado a la sabia conclusión de que «lo más importante es que salvamos la vida, pues el volcán lo mismo reventó donde lo hizo que pudo reventar debajo de mi casa». «Yo doy gracias porque tengo la casa en pie, pero hay gente que lo ha perdido todo y ahora con 60.000 o 80.000 euros tiene que hacerlo todo y eso es lo que te cuesta el terreno, y con ese dinero ya más nunca podrá tener una casa terrera».

Alcides, durante la entrevista con PLANETA CANARIO.

Nos despedimos. Alcides vuelve a subirse a la escalera donde lo encontramos y se queda arreglando sobre la  el tejado del bar. Nos ha hecho un relato realista de lo que ocurre en este barrio cuyo paisaje ahora preside una mole volcánica construida por la naturaleza en tres meses de constante rugido y expulsión de fuego. Pero también nos ha dejado el sabor de la esperanza, de las ganas por salir adelante.

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