Tacoronte: morada del mencey Acaymo

Los acantilados tacoronteros y el barranco de Guayonge fueron declarados BIC (Bien de Interés Cultural) en 2007 y forman parte del Paisaje Protegido de Costa de Acentejo

RUBÉN EXPÓSITO

Tacoronte, antigua capital de uno de los nueve menceyatos (reinos) en que estaba dividida Tenerife, fue morada del mencey Acaymo y de los bandos de guerra, llamados así a los guanches que libraron feroces batallas para liberar al pueblo de la invasión castellana, siendo derrotados por el conquistador Alonso Fernández de Lugo en La Victoria de Acentejo.

En el siglo XVI se construyó una pequeña ermita de Santa Catalina y a partir de ahí el municipio se desarrolló por una de sus principales calles, la del Calvario. La plaza del Cristo y la iglesia del mismo nombre alberga en su interior una de las figuras más emblemáticas: el Cristo de Tacoronte. Alrededor del lugar se encuentra el corazón de Tacoronte, el convento agustino del siglo XVII y La Alhóndiga, antiguo almacén de grano rehabilitado para usos culturales.

La zona señalada constituye un área arqueológica de gran importancia en el contexto de la isla de Tenerife, inscrita a su vez en un frente acantilado mucho más amplio, extendido desde la desembocadura del Barranco de Milán (Tejina, La Laguna) y El Ancón (Santa Úrsula).

A juzgar por los numerosos hallazgos efectuados durante décadas, este sector costero muestra indicios de un importante asentamiento prehispánico por las numerosas cuevas y oquedades abiertas por efecto de la erosión .

Se trata de un importante apilamiento de niveles lávicos y piroclásticos que han sufrido los efectos de la erosión marina y de fenómenos locales de deslizamiento gravitacional, provocando el retroceso del frente acantilado. Las alturas medias superan los 200 m, caracterizándose por la verticalidad del terreno, con presencia de escasos senderos y veredas para su recorrido.

Las cuevas documentadas en la zona se caracterizan por una funcionalidad doble -habitacional y funeraria- dependiente de su accesibilidad, amplitud, condiciones de habitabilidad, orientación y proximidad a fuentes de recursos diversos. En general, las cuevas de habitación suelen aparecer en el tracto superior del acantilado, de más fácil acceso, o en aquellas zonas menos abruptas. Los enclaves funerarios correspondientes a estas áreas de ocupación estable aparecen siempre en su entorno cercano.

El tramo acantilado comprendido entre el barranco de Guayonge y el límite municipal con El Sauzal se caracteriza por la presencia de numerosas cuevas, aunque de acceso muy complicado, así que cabe la posibilidad de la existencia de yacimientos -principalmente funerarios- en buen estado de conservación. Asimismo, el citado cauce alberga numerosas oquedades, constatándose la tradición de que en el mismo se localizaba la morada del mencey de Tacoronte.

Los nueve menceyatos

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