VICENTE PÉREZ
Con esa puntualidad exacta de las tradiciones populares, en el barrio de Los Majuelos (en Güímar) los días 12 y 13 de junio se volvieron a abrir puertas y ventanas de casas -aunque evitando aglomeraciones por el covid- para mostrar el arte hogareño de Los Altares de San Antonio, o también llamados Los San Antonios de Güímar, una tradición que trajeron hace siglos familias portuguesas que trabajaron en los ingenios azucareros.
PLANETA CANARIO ha visitado algunos de estos artísticos altares, pergeñados sobre todo con flores, frutas y esculturas, por personas de varias generaciones, de la mano de dos de sus propietarios y confeccionadores.
Francisco Javier González Delgado, que alaboró en el patio exterior de su casa un enorme altar, con fachada de ermita en miniatura incluida y banderitas de fiesta semejando una plaza plaza pública en fiestas, explica que tras la Conquista de Tenerife, las familias portuguesas que se establecieron en el municipio para trabajar en las plantaciones de caña y la producción de azúcar introdujeron esta tradición en honor a San Antonio de Padua, que solo se mantiene arraigada en este barrio, donde se localizan 10 de los 14 altares que se exponen cada 12 y 13 de junio.
Existe una comisión que mantiene en contacto a las familias participantes y el Ayuntamiento colabora con la logística de seguridad. Se suele repartir pan, pero este año se ha decidido no hacerlo debido a las medidas adptadas contra los contagios de la covid-19, y se ha evitado que el público entre en espacios cerrados de las casas,procurando que los altares se vean desde la calle o en patios abiertos. Tampoco se ha podido celebrar con parrandas, brindis, danzas de cintas y banda de música, como era lo habitual.
En otra de las calles del barrio tiene su sorprendente y monumental altar Sergio Hernández Rodríguez (ver vídeo bajo estas líneas). Por unos días, el garaje de su casa de dos plantas se transforma, de modo casi mágico, en una capilla de aspiraciones barrocas con un enorme retablo, tallado por su amigo ecuatoriano José Luis y montado y policromado por el ebanista lagunero Isidoro Pérez.
También hay dos réplicas de cuadros famosos de San Antonio (uno del pintor flamento del XVII Anton van Dyck), pintadas por el peruano (de Cuzco) Jesús Cubas.
«La tradición se había perdido», cuenta Sergio Hernández, «pero en los años noventa del siglo XX se recuperó gracias al escultor Ángel Bermúdez y a José Manuel Pérez González», cuando verificaron que, aunque esta costumbre ya no existía, la realidad es que en casi todas las casas había una talla o un cuadro de San Antonio, y animaron a recuperarla».
El impresionante retablo en la casa de este vecino güimarero se completa con algunas joyas y un cuado que representa el barrio de Los Majuelos con la capilla del calvario y la antigua de San Pedro Abajo, obra de Javier Campos Torres.
Aunque aún es una persona joven, su ilusión es que quienes vengan detrás de él continúen esta tradición. Lo cuenta mientras un corro mayormente femenino se reúne en este tramo de la calle, contemplando el majestuoso altar mientras conversan de lo divino y de lo humano en la tarde del 13 de junio.
Que Los Sanantonios hundan sus raíces en la cultura portuguesa no es de extrañar. El 27 de febrero del inaugural año 1500 Alonso Fernández de Lugo -el conquistador castellano de Tenerife- concedió una data a los hermanos Blasino y Juan Felipe Inglesco de Piombino, donde se les encargó la construcción de un ingenio azucarero en Güímar y para ello trajo mano de obra de Madeira. De ahí llegó la advocación de San Antonio de Padua. Este santo fue un sacerdote fraciscano del siglo XII, predicador y teólogo portugués.
