La rehabilitación del histórico hotel Santa Catalina, tan premiada como polémica

El proyecto en el que Barceló invierte 24 millones ha recibido reconocimientos de prestigio en el sector turístico pero también duras críticas de una asociación de amigos del emblemático establecimiento grancanario, de la que forma parte un nieto del arquitecto Miguel Martín, autor del diseño en 1945

VICENTE PÉREZ

La rehabilitación de inmuebles históricos a menudo desata polémica. Se supone que cuando se les da un grado de protección integral (interior, exterior y su envolvente) es para preservarlo en la medida de lo posible en la forma en que se construyó o, si tuvo reformas posteriores, respetando los valores que justificaron su inclusión como patrimonio histórico. La ley también permite cambios para adaptarlo a las necesidades de la vida actual o de su nuevo uso, lo que se traduce en modificaciones que pueden resultar polémicas.

Es lo que está pasando con el histórico Hotel Santa Catalina, en la capital grancanaria, una joya del estilo regionalista canario en la llamada etapa autárquica del franquismo, incluido en el Catálogo de edificios protegidos de la ciudad por sus valores históricos y artísticos, y del que se destaca además el «uso espléndido de la carpintería y la cantería, así como de materiales nobles en el interior».

Está enclavado junto a un conjunto histórico declarado Bien de Interés Cultural (BIC), el Pueblo Canario, resultado, en la década de los 30, del estudio de Néstor Martín-Fernández De La Torre sobre la manifestación de la canariedad y de la cultura popular canaria.

24 millones de inversión… con un controvertido añadido exterior

 

El edificio es propiedad del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que cedio el hotel a Barceló Arrendamientos Hoteleros SLU, para que lo rehabilite con una inversión de 24,5 millones de euros y lo explote a cambio de una renta anual de 600.000 euros. Las obras de la rehabilitación están en marcha desde hace meses, con las miras puestas en que reabra sus puertas a primeros de noviembre próximo. Barceló tiene como directora de Expansión en Canarias a la exviceconsejera de Turismo Pilar Parejo.

El proyecto ha desatado opiniones encontradas. Por un lado, sido distinguido como uno de los diez mejores de sostenibilidad y rehabilitación hotelera de 2019 en España, en la quinta edición de los premios Re Think, impulsados por el Grupo Habitat Futura junto al Instituto de Turismo Responsable.  También ha sido nominado como Mejor Hotel de España en los World Travel Awards 2019, considerados los Oscars del Turismo.

Pero, de otra parte, la asociación de Amigos del Hotel de Santa Catalina, presidida por Manuel Ramos Almenara, autor de dos libros sobre este establecimiento, ha puesto el grito en el cielo porque no se está haciendo rehabilitación, sino también remodelación, lo que implica introducción de elementos nuevos, como un gran cubo exterior, que da al parque de Doramas, que nada tiene que ver ni con lo proyectado en sus orígenes.

De hotel inglés en el XIX a maravilla regionalista a mitad del XX

El hotel fue promovido por ingleses e inaugurado en 1890 con un diseño del arquitecto escocés James M. MacLaren, con una estructura predominantemente de madera; y por entonces llegó a recibir la visita del rey Alfonso XIII. Tuvo que cerrar debido a la crisis que supuso la I Guerra Mundial, aunque se siguió usando para eventos. En 1923 lo compraron unos canarios en una subasta en Londres y luego lo vendieron al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

En 1945 aquel primitivo hotel dio paso a una construcción de estilo regionalista diseñada por Miguel Martín-Fernández de la Torre, que decidió darle la misma forma de planta que la edificación original. Se reinauguró en 1952, y se le hicieron otras obras entre 1960 y 1964, quedando ya con la configuración con la que llegó a nuestros días, que es la que goza de protección.

Lo explotó la cadena de hoteles USA, y, entre 1994 y 2017 Hotelera Nueva Canarias, del empresario Juan Padrón, que le hace algunas modificaciones, añadiéndole un spa, la amplición de un garaje, modificando la piscina, y en la planta baja monta un casino.

«Se ha perdido su esencia y se ha ido contra el arquitecto original, mi abuelo»

José MIguel Martín-Fernández Periquet

Uno de los directivos de la asociación que ha criticado parte del proyecto de rehabilitación es José MIguel Martín-Fernández Periquet, decorador y empresario, nieto del arquitecto que diseñó el hotel. Su enfado es mayúsculo porque «un nuevo y distinto mini-Hotel ha aparecido junto al clásico icono regionalista proyectado por Miguel Martín, que sin duda ha perdido parte de su esencia, de su elegancia clásica».

«Han desaparecido los arcos, han hecho estructura recta con pilares cuadrados, y se ha revestido de un piedra gris marrón, cuando mi abuelo cuando usaba en la decoración externa piedra canaria, así que a Miguel Martín se le está enterrando», apostilla este miembro de un colectivo que además se queja de que no les han permitido ni visitar las obras, alegando motivos de seguridad, pero en cambio sí se organizó una visita con los medios de comunicación.

Una de las intervenciones que más críticas ha suscitado de esta asociación es «la gran caja de estructura de acero con revestimiento de perfilería metálico y con paneles fenólicos cerrándolo, que baje Dios y lo vea, porque eso va contra el arquitecto original y contra el patrimonio histórico».

«Aplaudimos una parte de la restauración, pero criticamos el adefesio»

Marín Periquet aclara que la asociación a la que pertenece no está contra todo el proyecto, ya que «reconocemos y aplaudimos parte de las actuaciones realizadas, como la recuperación de la fachada sur, pues era necesaria la restauración y recuperación de este histórico edificio, pero no podemos permitir que se arrasen otras partes, como una fachada que da al parque de Doramas que puede ser de cualquier lugar del mundo, con adefesio inadmisible, desde luego no de Miguel Martín».

Aclara que han aceptado, porque ya no hay remedio, que se eleve la altura de la última planta para hacer habitaciones tipo suit, y que en el interior se hagan adaptaciones para que no haya barreras arquitectónicas.

Lamenta que el Colegio de Arquitectos «haya mirado para otro lado» y que exista «una falta de sensibilidad por parte del Ayuntamiento y del Cabildo, que no velan por que se respete la obra de profesionales que han sido únicos en nuestra historia».

«Sería una ofensa al arquitecto Miguel Martín que lo nuevo imitara su estilo»

Pedro Quevedo.

El gobierno municipal ha defendido el proyecto que se está ejecutando. El concejal de Turismo, Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, afirmó durante una visita a las obras que «en general, aunque siempre pueden haber elementos criticables, porque siempre los hay por parte de todo el mundo, lo que se puede decir es que lo que ha recuperado este hotel es la dignidad» y destacó que el proyecto cuenta con  el aval de los técnicos expertos en Patrimonio Histórico del Ayuntamiento y se ha respetado la obra original.

En declaraciones publicadas por Canarias Ahora a finales de septiembre pasado, Quevedo sostuvo que “cuestionar el trabajo de un montón de gente preocupada por conservar el patrimonio empieza a no ser aceptable”.

Sobre las obras en el exterior, el concejal explica que se deben diferenciar del edificio porque si se intentaran hacer imitando el estilo de Martín Fernández “sería una ofensa a ese arquitecto” y “eso es algo inaceptable”. “Las estructuras nuevas que se realizan en entornos de edificios protegidos son obras que se tienen que diferenciar de lo anterior”, expone. Además, se trata de espacios que están “fuera del espacio protegido, por lo tanto, debe ser distinto”.

«Choca con el proyecto original y con las normas de rehabilitación del propio hotel»

Manuel Ramos Almenara.

El presidente de la la Asociación de Amigos del Hotel Santa Catalina es Manuel Ramos Almenara, un militar en la reserva y autor de dos libros sobre este establecimiento emblemático de Las Palmas.

En un artículo publicado en La Provincia, se queja del «anacrónico o extemporáneo» edificio construido entre el Real Club de Tenis y la zona norte del hotel, una edificación, en forma de gran cubo, «que rompe el esquema arquitectónico de esa parte de la fachada, impidiendo su total visión y ofreciendo, desde la zona recreativa de la piscina, una aberrante contemplación y perspectiva».

A su juicio, las  obras «podrán beneficiar a la nueva empresa gestora del Hotel pero chocan frontalmente con la integridad arquitectónica de Martín-Fernández y con las Normas Específicas que se aprobaron para la rehabilitación» del establecimiento.

La asociación presentó una reclamación al Ayuntamiento, con todas las actuaciones que considera irregulares.

Antes de estas obras en el hotel, el Consistorio grancanario elaboró y aprobó unas normas de obligado cumplimiento, en las que dentro de las intervenciones permitidas, en el apartado de rehabilitación se incluye las de remodelación. Por remodelación se entiende la adecuación o transformación del edificio, incluyendo la demolición total o sustitución parcial de elementos estructurales y de modificación de los parámetros de altura, ocupación y volumen. Es el tipo de obra más arriesgada para un elemento protegido de manera integral, es decir, en su totalidad.

El artículo 74 de la vigente Ley de Patrimonio Cultural de Canarias establece que «las intervenciones o cambios de uso en bienes de interés cultural irán encaminados a su conservación, restauración, consolidación, rehabilitación y puesta en valor, evitando las remodelaciones o reintegración de elementos perdidos». Y también recoge que, «con carácter general, las intervenciones respetarán las características y los elementos materiales esenciales del inmueble, sin perjuicio de que, excepcionalmente pueda autorizarse el uso de elementos, técnicas, formas, materiales y lenguajes artísticos o estéticos contemporáneos para la mejor adaptación del bien a su uso».

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