VICENTE PÉREZ
La erupción del volcán sin nombre en Cumbre Vieja ha alcanzado este lunes, 13 de diciembre, 85 días, por lo que ha superado los 84 que hasta ahora era la más duradera de las históricas, la del volcán de Tehuya, en 1585.
El proceso eruptivo surgido el 19 de septiembre pasado en el lugar conocido como Cabeza de Vaca, en los montes de El Paso, no solo es ya el más largo sino el más destructivo, debido, también, a que la peligrosidad de las erupciones en Canarias ha aumentado por la intensa urbanización del territorio, en especial desde mediados del siglo XX.
En sus 85 días de erupción, este volcán ha causado unos daños materiales espeluznantes: más de 3.000 construcciones y edificaciones arrasadas; según el programa europeo de vigilancia por satélite Copernicus -entre ellas más de 1.300 casas, con datos del Catastro-; 7.000 personas evacuadas, de las que unas 600 albergadas en hoteles y centros sociosanitarios; 360 hectáreas de cultivos en producción engullidas por las coladas; 1.200 trabajadores en expediente de regulación temporal de empleo (ERTES), al menos 842 millones de euros en pérdidas… Y un incuantificable daño mental a las personas damnificadas.
Pero el de Cumbre Vieja (habrá que llamarlo así hasta que se le ponga un nombre, pues en realidad esta es la denominación de una dorsal donde hay muchos otros volcanes) es además el que más superficie de la isla ha cubierto de lava, 1.193 hectáreas, según ha destacado la Cátedra Reducción del Riesgo de Desastres y Ciudades Resilientes de la Universidad de La Laguna.
Las anteriores erupciones fueron, por orden de mayor a menor duración, la de Tigalate, en 1646, que duró 82 días; la del volcán San Antonio (1677-1778), 66 días; El Charco (1712), 56 jornadas; el San Juan (1949), 47 días; y el Teneguía (1971), 24 días. Se desconoce cuánto duró la erupción en Tacande, ocurrida entre 1430 y 1440.
El Comité Científico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (PEVOLCA), aún no ha puesto fecha a la posible finalización de esta erupción en el valle de Aridane, aunque está analizando el comportamiento tan inestable de los últimos días, con pulsos de alta actividad seguidos de bajones de todos los parámetros. Una vez que cese de manar lava, algo que algún día tendrá que ocurrir, aún habrá que esperar debido a los problemas que pueden ocasionar los gases volcánicos.
Las familias afectadas ya se están organizando en plataformas y asociaciones, y las administraciones públicas han prometido toda la ayuda a las personas damnificadas que haga falta, y todas las inversiones que necesite la isla para su reconstrucción (ya se cuentan por cientos de millones los prometidos). Las administraciones públicas tienen además de 10 millones en donaciones de particulares y empresas, de las que solo el Ayuntamiento de El Paso decidió repartirlos, apartándose del frente común que formaron las demás administraciones públicas para recabar los datos de las personas afectadas a través de un Registro Único centralizado en la Casa Massieu de Los Llanos de Aridane.
El refranero popular afirma que no hay mal que 100 años dure y que lo último que se debe perder es la esperanza. Y, sin duda, el ánimo colectivo para superar esta adversidad tan grande será también necesario. Pero la vida en Canarias se ha desarrollado sobre la obra de los volcanes, y con el paisaje y los recursos que proporcionan. Así ha sido siempre y así seguirá siendo, al menos en las islas volcánicamente activas.
