RUBÉN EXPÓSITO
Existe un género no computable en las categorías clásicas. Se llama películas para no pensar. Su definición la escuché hace un montón de años de boca de alguien que no recuerdo, pero que me dejó impactado por tan acertada definición de cuando vemos una historia tan simple con inicio complejo y desenlace suave que es tan ideal para nuestro final de día laboral y ajetreado es como si escucháramos un CD de cantos de ballena.
La idea de estas películas es como cuando comes churros, son simples… pero efectivos dependiendo del momento del consumo.
Jennifer López encarna a una empleada de supermercado que tiene ideas revolucionarias para la mejora de la ventas de la cadena para la que trabaja. La muchacha (para que te identifiques con ella por si eres infravalorada en tu trabajo… ¡Oh, sorpresa!) no tiene estudios, pero sí una visión prodigiosa como líder en desarrollo económico. Como todos nosotros, que somos mas listos que nuestros jefes pero vivimos una condena cósmica para que no prosperemos en nuestro trabajo.
Con esta película estreno esta sección, tan amable a la par que efectiva con nuestras neuronas como un baño en el mar y un masaje craneal que promete relajarnos y hacernos dormir un mínimo de ocho horas.
No confundir la crítica con la alabanza, puede que una película así te relaje y te haga sentir bien en un determinado momento, de hecho, aunque el lenguaje suene crítico, mezcla un sentido asqueante, devoto y admirable, como un potaje hecho en un piso de estudiantes.
Esto no es Scorsese ni Kubrick sacudiéndote las neuronas, es puro deleite suave como un Spa: no piensas en si el agua está limpia, solo has de dejarte llevar.
Dicho esto, que ya sabes a lo que vas, no dejes que nadie te quite el placer de ver historias que se parecen a la burundanga, sabes que algo viste pero tu cerebro no las absorbió en defensa propia.
Nos vemos en el cine.
