La huella dejada por la emigración canaria en Uruguay, presente todavía en la alimentación, el lenguaje, las formas de trabajar la tierra o la memoria transmitida por las familias, es el punto de partida de un proyecto patrimonial que busca conectar varios espacios históricos en dos ciudades uruguayas y recuperar un legado que corre el riesgo de perderse.
La propuesta la han expuesto en Güímar Leonor María Inda Failache, arquitecta y gestora de museos uruguaya, y María Virginia Cornalino Nicoletti, profesora de Educación Media e inspectora de Educación Secundaria de Uruguay, en una conferencia impartida por ambas en el del XXIV Simposio de Centros Históricos y Patrimonio de Canarias, que se celebra del 24 al 26 de septiembre en el salón de actos Parque Etnográfico y Jardín Botánica Pirámides de Güímar organizado por la Fundación CICOP y el Ayuntamiento güimarero.
El proyecto de ambas especialistas, miembros activos del CICOP, se plasma en intervenciones urbana en dos enclaves vinculados de distintas maneras con la presencia canaria en Uruguay.
Uno está situado en la Ciudad Vieja de Montevideo, en el espacio actualmente conocido como Plaza España, en la Rambla Sur.
El segundo se localiza en la ciudad de Las Piedras, en un inmueble conocido como La Pilarica, que fue propiedad de la familia canaria de los Cabrera, que cuenta también con un espacio público y pertenece al gobierno departamental.
Esta propuesta se enmarca en la conmemoración, en 2026, de los 300 años de la llegada al Uruguay de los primeros inmigrantes canarios que fundaron Montevideo.
Tres siglos después, sostienen las investigadoras, las influencias de aquellos canarios siguen presentes en la sociedad uruguaya, aunque en ocasiones sus propios habitantes no sean plenamente conscientes de su origen.
En un comunicado del Ayuntamiento y el CICOP, Inda explica que La Pilarica es una de las construcciones más antiguas de la ciudad de Las Piedras y fue adquirida por una destacada familia de procedencia canaria. El inmueble recibe su nombre de Pilar Cabrera y perteneció a una familia de comerciantes que alcanzó una posición relevante dentro de la sociedad local, pues participaron en la vida política y apoyaron actividades culturales.
El otro enclave que proponen se sitúa en la actual Plaza España de Montevideo, donde existen trece palmeras canarias, una por cada una de las primeras familias llegadas en 1726. Estos ejemplares los donó el Gobierno de Canarias y se plantaron en la década de los 80 del siglo XX, durante una visita del entonces príncipe Felipe. La plaza alberga también un monolito con los nombres de estos emigrantes canarios.
Cornalino considera que todos esos elementos proporcionan ya una base patrimonial suficientemente potente, aunque todavía carecen de un relato que permita comprenderlos conjuntamente desde la perspectiva patrimonial.
En noviembre está previsto desarrollar en Uruguay una serie de actividades en colaboración con la Fundación CICOP de Canarias, destinadas precisamente a recordar y divulgar la importancia de las familias canarias en la historia del país, ya que fueron varias migraciones de isleños las que llegaron al país sudamericano.
Estas actividades servirán para comenzar a introducir este proyecto en el debate público y valorar su posterior realización si consigue respaldo institucional y social.
La iniciativa de estas expertas uruguayas en patrimonio no se limitaría a colocar paneles informativos o crear un espacio conmemorativo. Sus impulsoras defienden un modelo basado en la participación ciudadana: “Queremos que sea un proyecto participativo”, explica Cornalino, de manera que “la comunidad, la gente que pasa por ese lugar, que reconoce esas palmeras, que reconoce esos hechos, pueda ser parte de este proyecto”.
Cornalino asegura que su estancia en Tenerife les ha permitido identificar esas semejanzas culturales entre ambas orillas, que se perciben “en recetas, en formas de producir la tierra, en las palabras” y en numerosas tradiciones que continúan formando parte de la cultura uruguaya.
Una parte importante de esa memoria se conserva además mediante la transmisión oral. “Basta con hablar con muchas abuelas en Uruguay que pueden contar los relatos de sus antepasadas”, expone esta educadora, quien considera necesario documentar cuanto antes estos testimonios porque son precisamente las generaciones de mayor edad las que todavía conservan de forma directa esas historias familiares vinculadas a Canarias el país sudamericano.
Inda destaca que esa herencia se ha mantenido especialmente en las zonas rurales del departamento de Canelones, situado junto a Montevideo. Entre los ejemplos más llamativos figura el gofio, “un producto alimenticio canario que hasta el siglo XX fue habitual en la alimentación de todos los uruguayos”.
A su juicio, “para que sea realmente un proyecto patrimonial”, el que ambas proponen, “tiene que ser hecho a través de la participación y de que las personas se apropien de eso, porque es lo que también permite garantizar que pueda perdurar en el tiempo”.
