PLANETA CANARIO
Corría el año 1944 cuando el considerado padre de la arqueología canaria, Luis Diego Cuscoy, localizó junto al cauce del barranco de Santos, en el municipio de La Laguna, una necrópolis guanche con restos de 50 individuos. El hallazgo de la cueva fue casual: dos hermanos la descubrieron mientras se encontraban recogiendo hierba para el ganado.
En la Carta Arqueológica de Tenerife se constata que se encontró una cantidad importante de restos humanos prehispánicos y cuentas de collares, punzones de hueso, tabonas, así como fragmentos de cerámica aborigen. Todo ello fue trasladado a las dependencias del antiguo Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Cruz, ya que aún no se había inaugurado el Museo Arqueológico, lugar en el que se encuentran depositados en la actualidad.
El lugar de este importante descubrimiento, junto al barrio de la Candelaria, se halla en un profundo barranco frente a un no menos imponente antiguo volcán (la Montaña de Guerra) que marca la frontera entre Anaga y el área urbana lagunera. Este sitio acabó en el olvido, hasta el punto de que desde los años 70 del siglo pasado hasta principios del actual las cuevas que usaron los aborígenes fueron habitadas por personas de pocos recursos e incluso los cabreros los usaban para recoger el ganado.
Casi siete décadas después de que Cuscoy encontrarsa este valioso yacimiento arqueológico, la Concejalía de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de La Laguna, que dirige Elvira Jorge, ya dispone de un anteproyecto del futuro Centro de Interpretación El Becerril, con el que se divulgará este legado guanche para rescatarlo así del olvido y del abandono.
Diseñado por el arquitecto Joaquín Galera, tendrá cuatro plantas y un ascensor panorámico de 15 metros de altura, pues desde el edificio se podrá contemplar una panorámica del fantástico escenario natural donde se halla el enclave arqueológico, en las inmediaciones de los barrios de Salud Alto, El Rocío y La Candelaria.
El siguiente paso será la redacción del proyecto básico y de ejecución encargados a la empresa pública Gesplan, a través de los que se concretarán todos los detalles de la futura edificación.
La propuesta se vincula además a la petición del Ayuntamiento para que el Cabildo de Tenerife declare Bien de Interés Cultural (BIC) los enterramientos situados entre los barrancos de Santos, Tabares y Montaña de Guerra; y la petición al Gobierno de Canarias para que ayude a costear prospecciones arqueológicas en el entorno.
Durante la presentación, hace unos meses, de este proyecto, la edil Elvira Jorge recordó que se trata de una zona “invisibilizada” y que aún puede “dar sorpresas”, después de tantos años desde su descubrimiento, gracias a las prospecciones que realizará la Dirección General de Patrimonio Cultural del Ejecutivo regional en las cuevas colgadas de El Becerril y a los sondeos y excavaciones que costeará la propia Concejalía.
La concejala aludió a dos razones claves que justifican la “importancia de esta necrópolis”: la gran cantidad de restos óseos hallados, acompañados de ajuar funerario abundante, y el hecho de que en el momento de descubrirse esta cueva no había sido antes expoliada.
Elvira Jorge agradeció la colaboración al Gobierno canario y al Cabildo de Tenerife, así como a las áreas municipales implicadas, también tuvo palabras de agradecimiento para Joaquín Galera, por su “implicación, profesionalidad y cariño a la hora de elaborar el anteproyecto”.
Por su parte, el arquitecto redactor puso de relieve que el futuro centro de interpretación será el “primer edificio dedicado a la cultura guanche” con el que también se busca “dinamizar” la actividad económica de la zona y favorecer el conocimiento de los valores arqueológicos y naturales de Anaga.
Con un presupuesto estimado en principio en unos tres millones de euros, entre las características recogidas en el documento se encuentra su ubicación una parcela de titularidad municipal, de unos 1.000 metros cuadrados, las diversas salas expositivas contempladas y el ascensor panorámico que llevará a un sendero.
Galera resaltó que el inmueble será totalmente accesible para que “cualquier persona pueda disfrutar de estos valores”, teniendo en cuenta también el trayecto hasta las cuevas, y sostenible, ya que tendrá placas fotovoltaicas para su autoabastecimiento. De igual forma, se prevé la incorporación de una cafetería y un espacio para desarrollar actividades educativas.
Junto al futuro centro y en el ámbito de este excepcional paisaje natural se encuentra, no obstante, un núcleo de viviendas de autoconstrucción, sin enfoscar ni pintar, en bloque pelado, en la ladera del barranco, que precisaría de una actuación de embellecimiento para reducir su impacto actual negativo.
Alfredo Mederos Martín/(Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid), Gabriel Escribano Cobo (Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Antropología) y Vicente Valencia Afonso (arqueólogo), publicaron en el Anuario de Estudios Atlánticos (2020) un artículo titulado El poblamiento aborigen en el municipio de La Laguna, en el que exponen que «la primera actuación de Diego Cuscoy en La Laguna fue en la margen derecha del barranco de Santos, en El Becerril, descubierta por dos hermanos que cogían hierba para el ganado en 1944″
Para estos autores, «esta cueva es importante porque ha sido una de las pocas conservadas intactas en Tenerife antes de su excavación». Con una estratigrafía de 0.75 metros, había un nivel superior con desprendimientos del techo, un nivel intermedio con 3 capas y un total de 50 enterramientos aprovechando todo el espacio y finalmente un fino estrato de tierra virgen en la base.
Según este artículo de investigación, la distribución de los materiales, a pesar del alto número de enterramientos, muestra que los punzones y obsidianas solo se encontraban en el nivel inferior de los enterramientos, a 0.45 m, y en la zona del fondo de la cueva. Del mismo modo, las 85 cuentas de collar solo aparecieron en la zona al fondo de la cueva, ocupando una cuarta parte de la superficie, tanto en el nivel inferior como en el superior de los enterramientos».
«El problema principal es la completa reutilización de todas las cuevas de tracto medio, que se abren con orientación N, NW y W, para perreras, aperos, etc., y su vallado exterior», advirtieron estos tres investigadores en su artículo.
La cueva excavada tiene una orientación N y mide 0.75 m de ancho en la entrada y 1.50 m de altura, que aumenta hasta 2.50 m de ancho máximo al interior y 2 m de altura, con 5.50 m de largo hasta el fondo y una superficie interior de 13.5 m2, presentando un muro de cierre en su entrada. Se localizaron 50 enterramientos, de los cuales se conservaban 30 cráneos y 15 maxilares inferiores que ocupaban toda la superficie de la cueva. Presentaba fragmentos de cerámica aborigen, obsidiana y 85 cuentas de collar.
