VICENTE PÉREZ
El ingeniero histórico del servicio público de aguas en Santa Cruz de Tenerife, Alfredo Amigó, que es además Medalla de Oro del municipio, cuestiona el modelo de privatización casi total de la empresa municipal en la que trabajó durante 34 años (casi 20 como gerente), y de la que el Ayuntamiento vendió el 96,5% de las acciones durante 30 años en 2005 a la multinacional Sacyr-Vallehermoso, a cambio de un canon de 50 millones y otras inversiones en la red.
«La solución para mi para gestionar el agua es lo que ya era Emmasa en 1983, una sociedad anónima 100% pública, pero que contrataba con empresas privadas algunos servicios, como la depuradora o la desalación, y vigilando que lo hagan bien», defendió durante una charla impartida en un ciclo organizado por el Consejo Insular de Aguas de Tenerife, organismo adscrito al Cabildo, con motivo del Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo.
En su conferencia, que ofreció en las instalaciones de la ampliada y modernizada estación depuradora de Valle de Guerra, Amigó no lo dudó ni un segundo: «La forma ideal de gestionar este servicio es mediante una sociedad anónima, municipal y pública, ya sea cabildos o ayuntamientos, pero sin prescindir de los conocimientos y el capital que pueden aportar las empresas privadas en determinados servicios».
Desde su punto de vista esta es la «solución» para zanjar esta controversia sobre la gestión del agua. Y la expresó tras sopesar pros y contras. Así, comentó que las ventajas de una empresa pública es que «su única obsesión es dar un buen servicio y lograr la autofinanciación, que era la gran ventaja de Emmasa cuando era pública, de modo que algunos años no se subían las tarifas porque no era necesario».
«Solo nos importaba dar un servicio excelente», apostilló, antes de apuntar que el único inconveniente de este modelo es «su excesiva dependencia política». Admitió que para algunos ayuntamientos pequeños cree que puede ser un problema mantener una empresa de este tipo.
Por lo que respecta a la empresa privada, reconoció que puede aportar personal, medios materiales y financiación, pero previno de que «tiene como principal objetivo el beneficio económico».
Un recorrido por la azarosa historia del agua en la capital
Durante su conferencia repasó el devenir de la historia del agua en Santa Cruz y su gestión. Y recordó que el servicio de abasto lo llevaba directamente el propio Ayuntamiento, hasta 1940 , en que lo cedió a la sociedad OSA (Organización y Servicios SA), a cambio de un canon anual, que luego no pagó desde el primer año, por lo que perdió la concesión. Tres años después, en 1943, se constituyó la Empresa Municipal de Suministro de Agua (Emmasa), que posteriormente se convertiría en una sociedad anónima municipal.
Pero Amigó, en un ejercicio casi de historiador, se remontó al principio de todo, pues desde el nacimiento de Santa Cruz, durante todo el siglo XVI y hasta inicios del XVIII solo se usaba el agua que corría por los barrancos. En el año 1660, la ciudad tenía apenas 3.800 habitantes, aún así muchos más que las 446 almas que tenía en 1552.
En esos primeros siglos de la ciudad, el Cabildo hizo pozos paralelos al barranco de Santos y e instaló norias para extraer el agua, por lo que, según observó este ingeniero, «la calle que hoy se llama de La Noria, debería tener ese nombre en plural, porque no era una sola la que había».
Los santacruceros pusieron luego su mirada en Anaga, donde había cantidad de bosques y nacientes, «y se decidió traer el agua en canales de madera hasta la ciudad». Esta obra hidráulica se terminó en 1708, y llegaba hasta la zona donde hoy se ubica el hotel Mencey y la calle del Doctor Guigou, «que antes se llamaba calle de Canales», como puntualizó el conferenciante.
En 1801 se fundó el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y en 1834 se creó la Sociedad de Pozos Artesanos. El agua se llevaba a las casas entonces desde las fuentes en cántaros, y las viviendas también tenían aljibes. La ropa se lavaba en los barrancos, hasta que en 1843 se construyeron los lavaderos públicos, que aún no se conservan y son patrimonio histórico.
En 1900, según el relato de Amigó, se construyó el canal de Cazadores, que «aún hoy sigue abasteciendo a Santa Cruz» y en 1811 el primer depósito, en el barrio de Salamanca, de 5.200 metros cúbicos.
El artífice del plan que renovó la red en toda Santa Cruz
En 1955 se redactó el primer plan de abastecimiento, con el que se construyeron siete nuevos depósitos reguladores conectados con el canal del Norte. Andando el tiempo, y licenciado ya este experto en 1966 como ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en la Escuela Superior de Madrid, obtuvo por oposición la plaza de ingeniero jefe de la oficina técnica de Emmasa, puesto desde el que renovó toda la red de aguas de Santa Cruz, «excepto la del polígono de Ofra, que estaba recién hecha por el Ministerio de Obras Públicas».
Una de las consecuencias de esa mejora de las infraestructuras hidráulicas fue que las pérdidas en la red pasaron de más del 50% en 1970 a apenas el 14,4% en 1980. En este punto, Amigó se mostró alarmado por que aún haya municipios donde se pierde el 68% del líquido elemento que entra en su red de abasto, aunque valoró que «el Consejo Insular de Aguas tenga la clara intención de ponerle solución a este grave problema».
En todo caso, diagnosticó que no solo se trata de unas canalizaciones deficientes sino también de una mala gestión del servicio por parte de los gestores públicos, «pues a veces no le cobran el agua a determinadas entidades y esa es una forma más de dilapidar el agua».
Un hito en la gestión del agua en Tenerife fue la construcción de la depuradora en 1981, que pasó a ser gestionada por Emmasa.
En su charla, Amigó se pronunció también sobre las desaladoras de aguas de mar, sobre las que recomendó que «no nos confiemos el 100%, porque dependen de combustible que hay que importar, y si por algún problema no podemos traerlo nos vamos a morir de sed, claramente».
