VICENTE PÉREZ
Hay acontecimientos meteorológicos que se quedan grabados para siempre en la memoria. Es el caso de la descomunal y trágica riada del 31 de marzo de 2002 en la capital tinerfeña. La ciudad, caracterizada por su pendiente, se inundó por completo, los torrentes bajaban por todos lados y miles de personas pasaron auténtico miedo. La tormenta se cobró 8 vidas, afectó a 250 viviendas y causó daños valorados en más de 120 millones de euros.
Este episodio reabrió el debate de la ocupación de los antiguos cauces de barrancos, gran parte desaparecidos en la trama urbana, y se planificaron cuantiosas inversiones, pero también es cierto que lluvias como esas desbordaron todas las previsiones imaginables: cayeron 232,6 litros por metro cuadrado en 12 horas, pero nada menos que 204 l/m2 en apenas dos horas y media.
Si se tiene en cuenta que en Santa Cruz de Tenerife -en la ciudad propiamente dicha- caen poco más de 200 l/m2 de media al año, eso significa que en apenas dos horas y media llovió tanto como en todo el año.
Fueron precipitaciones torrenciales, y hay que tener en cuenta que entre las 17:30 horas y las 18:10 la intensidad de la precipitación superó 100 l/m2 por hora, con un máximo de 162,7 l/m2 a las 18:00.
Los sorprendente de este fenómeno es que fue en un ámbito extraordinariamente reducido de Tenerife. Una nube con cima a unos 6 kilómetros de altura se mantuvo horas estancada sobre la ciudad, por una circulación general de viento débil, flujo del suroeste, y una circulación local provocada por la cordillera de Anaga, con una depresión no profunda en superficie sobre el Archipiélago.
La urbe tinerfeña fue un caos. Las calles se convirtieron en ríos de lodo, que arrastraban piedras, árboles, contenedores, mobiliario urbano y todo cuanto encontraban por delante. Era domingo y no había ningún acontecimiento de masas en Santa Cruz (como un partido de fútbol del CD Tenerife), lo que evitó más desgracias. No se anticipó ningún aviso oficial ni alerta, la tormenta sorprendió a todos, incluso a los meteorólogos, que dieron el aviso cuando ya el diluvio se estaba produciendo.
Los testimonios de las personas que estaban en la calle a esas horas ponen los pelos de punta. A muchas personas el torrente que bajaba por la calle más insospechada les puso en apuros y en algunos casos temieron morir. Ocho no pudieron vivir para contarlo.
¿Culpa del cielo o del suelo?
En el análisis de lo ocurrido, la climatóloga Victoria Marzol, del Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna, llegó a la conclusión de que había una «confianza basada en la falsa creencia de que en Santa Cruz nunca llueve», lo que, a su juicio, «ha sido la causa de que secularmente esta ciudad se haya convulsionado cada cierto tiempo por la intempestuosa avenida de las aguas, que convierte las calles en barrancos, inunda sótanos, comercios y viviendas, produce la pérdida de todos los enseres de una vida y, por desgracia, provoca la pérdida de los seres queridos de muchas familias».
En un artículo publicado en web de la Asociación Española de Climatología (AEC), y que lleva fecha de 2016, la geógrafa de la ULL asevera que «el crecimiento de la ciudad, que no ha respetado el medio, ha desembocado en que el riesgo se alcance con cantidades de lluvia mínimas, de menos de 40 mm en 12 horas, y, en consecuencia, se haya producido un aumento espectacular del número de inundaciones en el siglo XX con respecto a los anteriores: ochenta y cuatro frente a una media de diez en los siglos anteriores».
Marzol quiere dejar claro que estos episodios catastróficos no se deben al cambio climático en lo que algunos buscan explicación, sino a que la urbanización de Santa Cruz se ha adaptado al medio físico en el que se encuentra, en pendiente, junto a una cordillera y con episodios de lluvias torrenciales más recurrentes de lo que la memoria, engañosa en este sentido, nos indica. En la capital tinerfeña ya casi no es visible la antigua red de barrancos y se ha construido en sus laderas.
En otro artículo científico, publicado en 2003 por el Centro Meteorológico Territorial en Canarias Occidental del entonces Instituto Nacional de Meteorología, hoy AEMET, Juan José de Bustos, Carmen Rus Jiménez y Carlos Marrero, concluyeron que lo ocurrido con esa rriada sobre parte del área metropolitana tinerfeña fue algo excepcional.
«Las precipitaciones que se han producido en Santa Cruz de Tenerife, desde 1943, son, en general, poco cuantiosas y poco intensas. Antes del 31 de marzo, solo 4 días han registrado una precipitaci6n superior a 100 litros por metro cuadrado en 24 horas; y desde 1971, en 5 días se ha registrado una precipitación de intensidad superior a 60 mm/h. Ninguno de estos episodios es comparable en magnitud ni intensidad al ocurrido el 31 de marzo», afirman los autores de este trabajo, que se presentó en el I Encuentro sobre Meteorología y Atmósfera de Canarias.
«En el resto de los observatorios de las islas se han registrado en el pasado precipitaciones muy importantes, superándose los 200 litros por metro cuadrado en 24 horas; sin embargo, los episodios analizados muestran que en ningún caso la intensidad era tan fuerte, ni tan duradera como en el del 31 de marzo», sostienen estos investigadores.
En todo caso, en la ciudad se llevaron a cabo posteriormente inversiones importantes para ensanchar y corregir algunos cauces de barrancos, aunque el problema es que el avance del cemento y el asfalto durante la segunda mitad del siglo XX, literalmente, se los ha comido.
El alcalde chicharrero, José Manuel Bermúdez, ha recordado esta efemérides en las redes sociales: «Veinte años después, sigue en nuestro corazón el apoyo a las familias de las víctimas mortales de este fenómeno meteorológico de consecuencias trágicas, pero también hay que decir que hemos mejorado la ciudad para hacer frente a situaciones similares».
«Por ello se han realizado numerosas actuaciones en conducciones de pluviales, en ocasiones en colaboración con otras administraciones en la pasada legislatura, lo que nos permite recoger las lluvias en la parte alta de la ciudad para evitar o mitigar las avenidas de agua con fuertes lluvias», subraya el regidor municipal.
